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sábado, 23 de febrero de 2013

A propósito de Mi vida, de Trotsky - Por Martín Kohan


Reproducimos a continuación una muy buena reseña de Martín Kohan, tras la lectura atenta de Mi vida. 

  “Yo no pensaba nunca en Stalin” (446), escribe Trotsky, cuando el “intento" autobiográfico” de Mi vida va entrando en su tramo final. ¿Es reproche o es jactancia? No lo sé, no estoy seguro; pero me parece decisivo que pueda ser tanto una cosa como la otra, o más aun que pueda ser ambas cosas a la vez. “Yo no pensaba nunca en Stalin”, admite o se ufana Trotsky, y de inmediato se permite ampliar: “En el fragor de la lucha ni siquiera me di cuenta de que existía”. La grandeza de la vida de Trotsky queda inscripta en estas frases, no menos que su completa desgracia. Si Trotsky no repara en Stalin, si ni siquiera se da cuenta de que existe, es ante todo porque presta atención a las cosas que de veras importan, a las cosas decisivas, y eso excluye al gris Stalin, posterga al tan mediocre Stalin. El hecho mismo de que no esté ni vaya a estar jamás a la altura de León Trotsky es justo lo que lo vuelve imperceptible para él. Pero a la vez, qué duda cabe, a Trotsky le habría servido fijarse a tiempo en Stalin, debería haberse percatado de su existencia, le habría sin dudas convenido advertir su juego (que lo mitigado podía perfectamente ser una estrategia de lo subrepticio, que la cortedad de las limitaciones personales podía perfectamente cobrar la fuerza terrible de los resentimientos duraderos).

Sabemos demasiado bien que Stalin terminó por alterar el curso de la vida de Trotsky. Lo cierto es que también alteró el curso de Mi vida de Trotsky. Lo hace pasar del registro autobiográfico y épico al género del alegato político. La narración política y la argumentación ideológica, soportes de una evocación monumental, se ven forzadas hacia el final, no menos que su autor, a deslizarse a la autodefensa: refutar calumnias, enderezar tergiversaciones, denunciar infamias, apelar.
Stalin y sus mentiras obligan a desmentir. Stalin y sus invectivas personales obligan al descargo personal. Stalin y su desfiguración histórica obligan a refrendar una figuración histórica. Trotsky asume esa tarea, desde su destierro en Turquía, como seguirá haciéndolo en Noruega o en México, con la firmeza del que tiene una convicción y con la rabia del que sufre una injusticia. Responderá pacientemente a las mentiras, a las invectivas personales, a la desfiguración histórica. Pero cuando esa necesidad se impone en las páginas de Mi vida, cuando la épica biográfica de la revolución y los destierros debe hacerle un lugar a la resuelta desintegración de las infamias, el relato que ha ido tramando Trotsky cuenta ya con una comprensión impar de lo que es la verdad (la que proviene de un cierto poder alquímico para extraer verdad de lo que empieza como mentira), con una elaboración singular de lo que es lo personal (la que proviene de la evidencia fáctica de que lo personal no es político, sino que cede a lo político), con un tramado especial de la figuración histórica (la que proviene de una combinación política de mostración y ocultamiento).
La primera vez que Trotsky suministra un nombre falso a sus compañeros de lucha, lo que siente es remordimiento: “Cuando conocí a Mujin y a sus amigos me presenté con el nombre de Lvov. Esta primera mentira de conspirador no fue fácil: me dolía verdaderamente ‘engañar’ a las personas con las cuales yo me entendía para una causa tan grande y buena” (147). Claro que no tarda en advertir que en esa “mentira de conspirador” está la verdad de la conspiración: la falsificación del nombre es garantía de autenticidad política. No es extraño, por lo tanto, que en la siguiente ocasión consiga establecer otra clase de conexión entre lo azaroso y lo definitivo, entre lo fingido y lo cierto: “En el bolsillo llevaba un pasaporte extendido con el nombre de Trotsky, que había escrito al azar, sin prever que este nombre permanecería conmigo para toda la vida” (171). El nombre falso resulta el verdadero, cifra misma de la conversión política, o bien de la política (de la política revolucionaria) como una conversión: “Desde el inicio del movimiento revolucionario, en 1902, me fugué después de fabricarme un pasaporte falso con el nombre de Trotsky; de allí viene mi seudónimo, que rápidamente se convirtió en mi verdadero nombre” (30). La falsedad del pasaporte, no menos que la del nombre, define de por sí una impugnación de base a un régimen político en cuyas normas no se cree. ¿Qué podría significar un pasaporte legal, si lo expide el régimen ilegítimo del zar? Dialéctica de la documentación personal: la falsificación del pasaporte falso señala una verdad política. Y dialéctica de los nombres y los seudónimos: la falsificación del nombre falso se asienta como verdad revolucionaria.
Podría decirse entonces que “Trotsky” desplaza a “Bronstein” de la misma manera, y por las mismas razones, que la esfera de la acción política desplaza la esfera de la vida personal. Por supuesto que, por tratarse de una autobiografía, así sea en grado de tentativa, Mi vida hace centro en la vida personal, ya sea en la evocación de los años de la infancia en el campo, en los recuerdos familiares, en el pormenor de la iniciación política, o en el desarrollo de las vicisitudes del agitador, el encarcelado, el prófugo, el desterrado, el activista, el líder revolucionario, el espiado, el difamado, el escritor. Pero hay una consideración que hace Trotsky, inédita para el género autobiográfico, decisiva para calibrar un modo de la experiencia: “Los grandes acontecimientos son pobres en recuerdos personales; es el recurso que tiene la memoria para resguardarse de un modo excesivo” (307). Entendemos así que Mi vida no va a proporcionar una versión personal de los grandes acontecimientos, ni mucho menos una fusión completa, a golpes de protagonismo, de la historia política con la historia íntima. En vez de eso va a exponer la manera en que los grandes acontecimientos eclipsan el mundo de lo personal, lo hacen retroceder, lo atemperan como olvido.
Trotsky lo define como un mecanismo defensivo: recurso psíquico para protegerse de una vivencia que resulta excesiva, porque de eso precisamente se trata, de un tipo de sucesos que exceden lo personal. Así ocurre por caso con las protestas de los reclusos de una cárcel de Odesa, entre los cuales se encuentra Trotsky; los gendarmes suponen que la protesta se debe a “una cena hecho con provisiones en mal estado” (158), pero en verdad responde a la noticia del restablecimiento de la monarquía en Francia. Y así ocurre por caso con la coincidencia entre el día del nacimiento de Trotsky y el día de la Revolución de Octubre, y con esta confesión sincera: “No me di cuenta de esta curiosa coincidencia hasta tres años después de los días de Octubre” (49). ¿Qué otra cosa expresa este episodio de olvido, que es olvido del propio cumpleaños, sino una confirmación de esa premisa de que lo personal se atenúa al atravesar los grandes acontecimientos? En vez de superponer las dos cosas, el cumpleaños y la Revolución, para ofrecerlos al lector como un prodigio autoexaltatorio de nacimiento doble, Trotsky presenta esta otra variante: repliegue vehemente de todo lo que es personal, cuando la acción política se activa.
De esa trama está hecho Mi vida. No en vano Trotsky tenía la intención de dar a este material el título de “Medio siglo”, un recorrido histórico en coincidencia con sus cincuenta años. Fue a instancias del editor que el libro adoptó su sesgo autobiográfico. Y en este doble andarivel de la época y la vida, el el premeditado desequilibrio entre los recuerdos personales inscriptos en lo privado y el desempeño político en la revolución, se inscribe esta advertencia que Trotsky formula en el prólogo fechado en Prinkipo, Turquía, el 14 de septiembre de 1929: “Se puede afirmar que esta vida fue más bien superabundante en ‘aventuras’. Sin embargo, me permito decir que, según mis inclinaciones, no tengo nada en común con los buscadores de aventuras. Soy más bien pedante y conservador en mis hábitos. Amo la disciplina y el método (…) y muchas veces en mi vida, tuve el sentimiento de que la revolución me impedía trabajar metódicamente” (50-1). Mi vida puede leerse también como la historia de la relación entre le revolucionario en plena aventura que rompe con lo habitual (al que llamamos Trotsky) y el lector metódico, el escritor disciplinado, el conservador de sus hábitos (al que acaso deberíamos llamar Bronstein).
Se entiende así que Trotsky, el encarcelado político, aproveche esa situación para aplicarse a los trabajos intelectuales, es decir al trabajo metódico: “En realidad, no puedo quejarme de las cárceles ni del tiempo que me hicieron pasar en ellas (…) ¡aquella celda era tan tranquila, tan monótona, tan silenciosa, tan apropiada para los trabajos intelectuales!” (219). Mi vida es en gran parte la vida de un preso o la vida de un desterrado; además de ser, naturalmente, la vida de un luchador, de un conspirador, de un revolucionario, de un conductor de guerra. Queda claro que en el preso y en el desterrado habita una verdad que ilumina todas las otras funciones, todos los otros momentos.
También en eso existe una épica, y no sólo en la revolución propiamente dicha. Las aventuras de esta vida “superabundante en aventuras mucho tienen que ver con las fugas (Mi vida como novela de escape) o con la vigilancia en el extranjero (Mi vida como novela de espías).Por eso es interesante la cita que hace Trotsky de las memorias de su esposa, Natalia Sedova, a propósito de la fuga a Finlandia: “Yo estaba asombrada, viendo la libertad y la desfachatez con que L.D. se movía, riéndose y hablando en voz alta en el tren y en los andenes de las estaciones. Habría querido volverlo invisible, ocultarlo bien, porque aquella fuga podía costarle el presidio. Pero él se mostraba ante todos y me decía que ésta era la mejor medida de protección” (229). Y por eso es interesante la observación que hace Trotsky a propósito de su exilio en España: “En realidad, toda mi actividad política se había desarrollado siempre abiertamente y a los ojos de la policía. Pero las persecuciones de los espías me exasperaban y despertaban en mí el espíritu del deporte. En cambio, en Cádiz, el encargado de vigilarme me advertía que volvería a tal hora y que lo esperara pacientemente en el hotel. A cambio de eso, intervenía con gran empeño en defensa de mis intereses, me ayudaba a hacer las compras y me llamaba la atención a los hoyos de la acera” (287). Trotsky hace de sí mismo una especie de “carta robada”: se pone bien a la vista, para no ser descubierto. Las tretas del ocultamiento se resuelven desde la mostración. El espía de Cádiz es quien parece haber entendido el mecanismo a la perfección, y entra en la misma sintonía de Trotsky. Sustraerse del control por exceso de visibilidad, y no por hacerse invisible.
A estos dos pasajes, el de Cádiz y el de la fuga a Finlandia, podría agregarse otra escena de exilio narrada por Trotsky, esta vez en Alemania: “El 1º de mayo salí a pasear en automóvil con mi esposa por las calles de la ciudad. Recorrimos las principales avenidas, presenciamos las manifestaciones, leímos los carteles, oímos una serie de discursos y al llegar a la Alexanderplatz, nos mezclamos en la multitud. Yo había visto muchas manifestaciones del 1º de Mayo más imponentes que aquélla, más grandiosas, más decorativas, pero hacía ya mucho tiempo que no tenía la posibilidad de moverme entre las masas sin llamar la atención” (523). La figura del fugitivo que se hace notar, por un lado, y por el otro la del espiado que se da a ver, soluciones desconcertantes pero eficaces para el propósito de sustraerse, se completa en cierto modo con la figura del manifestante del 1º de Mayo en Berlín: el inconfundible agitador de masas consigue mezclarse entre las masas, y no llamar allí la atención. Se da así una combinación fabulosa de presencia y retracción, de exhibición y sigilo, la posibilidad de estar y al mismo tiempo escabullirse, de quedar inadvertido y al mismo tiempo intervenir, la virtud de poder mostrarse y volverse a la vez fantasmal.
Trotsky encara este repaso durante su destierro en Turquía, en 1929. Su vida de desterrado la escribe como desterrado, su vida de conspirador fugitivo la escribe en estado de fuga, su vida de activista político la escribe como activista político (el propio libro del que se ocupa es para Trotsky un recurso de la lucha política y no sólo un ejercicio de verdad histórica: “este libro no es una fotografía inanimada de mi vida”, dice en el prólogo, “sino una parte que la compone. En sus páginas, continúo la lucha a la que he consagrado mi vida” (46)). Como este exilio y esta persecución, a diferencia de todos los precedentes, no tiene la revolución por delante, como fin a conseguir, sino como revolución pasada y traicionada, y entonces por rescatar, cambian bastante las condiciones en las que se encuentra Trotsky y el tenor de las penurias por las que pasa. La malversación stalinista de la historia soviética apuntará, como se sabe, a suprimir su propia existencia en ella; la ferocidad de los ataques personalizados se encarnizará sin miramientos con parientes y allegados. Trotsky se ve, por una parte, lanzado a la exterioridad absoluta de un exilio sin atenuantes, y por otra, cada vez más acorralado, cada vez más replegado.
Las páginas finales de MI vida las dedica en buena parte a denunciar la hipocresía de las democracias del mundo, que le niegan el visado a un perseguido político como él. Paradoja de los presuntos paladines de la apertura y la tolerancia, sobre la cual Trotsky ironiza. Pero también paradoja de la deportación del internacionalista cabal: mientras Stalin estrecha horizontes con su apuesta al socialismo en un solo país, desata sobre Trotsky una persecución a escala mundial. En eso sí, acaso porque se trata de Trotsky, le resulta preciso alcanzar las miras del internacionalismo. Después de Turquía, vendrá Noruega, y por fin llegará México. Trotsky vivirá once años más, después de haber escrito Mi vida. El apéndice de Alfred Rosmer, tomado de la edición francesa del libro, permite completar el recorrido hasta el asesinato en Coyoacán.
Atrincherado, o poco menos, en su casa blindada del Distrito Federal, Trotsky vuelve a abocarse ante todo a los trabajos intelectuales, la salida a la que apela en sus días de prisión. “Trotsky así se ganaba el pan para la casa, con sus escritos, como lo hizo toda su vida” (627), consigna Rosmer. ¿Y de qué excusa se valió, en última instancia, su solapado asesino, sino la de acercarle un artículo propio para someterlo a su consideración? ¿Qué otra cosa, sino leer, estaba haciendo Trotsky, cuando el asesino le asestó su golpe de muerte? ¿Qué otra clase de distracción, sino la que es propia de todo lector concentrado, le impidió advertir a tiempo el ataque que le lanzaba? El testimonio que brindó Joseph Hansen, director de seguridad en la casa, y que recoge Rosmer, especifica que la sangre de Trotsky salpicó las últimas páginas que había escrito para una biografía de Stalin.

viernes, 14 de diciembre de 2012

La banca obrera, Raúl Godoy, un orgullo

Raúl Godoy jura por la patria , la lucha internacional de la clase obrera y sus mártires, por los pueblos oprimidos del mundo y la memoria de los 30000 desparecidos... 



viernes, 16 de noviembre de 2012

Nueva página WEB del CEIP León Tortsky


Presentamos la nueva página web del CEIP “León Trotsky” que contiene más de 2000 artículos y casi 40 libros digitalizados de León Trotsky, varios cientos de artículos sobre su obra y la historia de la IV Internacional, además de la posibilidad de acceder al catálogo de la biblioteca del CEIP, entre otros recursos. En www.ceipleontrotsky.org podés acceder a:
• Los estudios e investigaciones, debates y actualidad sobre la obra de Trotsky y la IV internacional. Y a todos los libros, boletines, cuadernos y otras publicaciones del CEIP.
• Las biografías y artículos de Marxistas y Oposicionistas de Izquierda o con artículos de Trotsky y otros autores que hacen referencias o semblanzas sobre ellos.
• La obra de León Trotsky con búsquedas por año y una selección de los principales artículos por temas(teoría, filosofía, partido, etc.), conceptos (como frente único, fascismo, frente popular, etc.) o países (que abarca artículos que dan pauta de la historia, la construcción y los debates de la IV Internacional en los distintos países).
• El catálogo de la Biblioteca y hemeroteca que se encuentran en el CEIP, un listado de periódicos que componen el Archivo Histórico y de la revistas de los centros especializados como Revolutionary History o los Cahiers León Trotsky de Pierre Broué, así como también al archivo histórico digitalizado en español que reúne el trabajo de traducción que el CEIP hizo para sus publicaciones así como también artículos o publicaciones en español del archivo histórico que están digitalizadas para su lectura.
• Y a las Novedades, con artículos y publicaciones que dan muestra de la actualidad del pensamiento del fundador de la IV Internacional y con las actividades que realiza el Centro.
Pueden leer la entrevista a Andrea Robles, Leonardo Vázquez y Lucía Simone, artífices de la puesta en pie del nuevo sitio. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

jueves, 23 de agosto de 2012

Trotsky, un hombre de estilo



Posteamos aquí una muy buena nota de Eduardo Grüner
Opinión
En uno de los films de la estupenda Tetralogía del Poder de Alexander Sokurov, Stalin visita a un Lenin ya casi agonizante en su dacha, y le entrega un bastón con el puño exquisitamente labrado, que le envía de regalo el Comité Central. Compungido (cínicamente, hay que entender: al ascendente Stalin no se le puede escapar la simbología de regalarle un bastón al declinante Lenin), le informa que se había pensado inscribir en él una dedicatoria: al más grande hombre de la URSS, padre del socialismo, héroe titánico de la revolución, cosas por el (deplorable) estilo. El problema es que una decisión tan importante (¿?) requiere el voto unánime de todos los miembros del Comité y ha habido un voto en contra. Lenin lo interrumpe sin vacilar: “Ya me imagino: Trotsky”. La tragedia que ya ha empezado a atravesar a la Revolución Rusa está plenamente condensada en este episodio –sea verídico o imaginario–: poco tiempo después Lenin estará muerto, Trotsky será un paria, Stalin transformará el gobierno de los soviets en su personal dictadura burocrática y sanguinaria. La anécdota también pinta de cuerpo entero una posición política e intelectual de Lev Davidovitch Bronstein (a) Trotsky: los liderazgos son respetables y necesarios, pero la causa revolucionaria, llevada adelante por las masas en su conjunto, no puede ni debe reducirse al culto de la personalidad, así la “personalidad” sea el mismísimo Lenin. Cuando eso termina triunfando, se puede decir que ya está casi todo perdido. Las personas sin duda existen: no hay dos hombres que sean iguales, los “estilos” (políticos, literarios, lo que fuere) de los líderes pueden hacer mucha diferencia en la historia. Pero la diferencia es en la historia: los individuos y las masas la hacen, en condiciones que no pueden elegir –para hacer una cita canónica–. Tampoco pudo elegirlas Trotsky. Pero sí eligió no traicionar la parte de la historia de la que había sido un protagonista central. Y no traicionarse a sí mismo, ni siquiera –y quizá sobre todo– en el “estilo”.
También elige, Trotsky, escribir su autobiografía (en 1929, ya en el exilio, del cual sólo saldrá con su asesinato por los esbirros de Stalin en 1940) en primera persona. Y titularla Mi Vida. Ese hombre se piensa a sí mismo como, nuevamente, persona: no deja de lado las singularidades de su existencia, sus pasiones, angustias, placeres, gustos. Sin embargo, lo que ocupa el centro de la escena, prácticamente en cada página, es su persona política: aquellas singularidades “existenciales” nunca dejan de serlo, pero están atravesadas y “sobredeterminadas” por el papel que cree le ha sido dado cumplir en la historia que, lejos de ser un “ya fue” (como reza cierta sintomática jerga actual), es una historia en curso, en la cual hay que “seguir participando”, y en la primera línea. Con mucha frecuencia, y con razón, se ha señalado la pasmosa personalidad de alguien que, mientras dirige el Ejército Rojo en medio del fragor de la batalla revolucionaria, escribe Literatura y Revolución. Es decir: con una mano, apunta los cañones o diseña las cargas de infantería al mismo tiempo que debate la lógica política de las decisiones militares (porque no es un “militarista”, sino alguien a quien la política y la historia han obligado a tomar las armas); con la otra –caso único de apertura intelectual entre los grandes dirigentes revolucionarios– teje palabras para hablar de Tolstoi, Maiakovski, Gorki o Gogol, pero también de Céline, de Silone, de Jack London o de Malraux, y para defender –con las reservas y matices que correspondan, pero defender al fin– cosas tan poco “proletkult” como el surrealismo, la literatura de vanguardia o el psicoanálisis, y en general la libertad más absoluta en el arte, la literatura, la filosofía o la ciencia.
El título mismo, Mi Vida, adquiere pues una nueva resonancia: es lo que se intuye que está en juego, que muy probablemente se va a perder, pero que sin embargo hay que defender –como un león– hasta el último aliento: no sola ni principalmente por un comprensible instinto de supervivencia, sino porque está indeleblemente inscripta en toda una historia que debe ser defendida contra la barbarie.
En ningún momento se escucha, en esa escritura, ni una nota de arrepentimiento (que no es lo mismo que “autocrítica”), mucho menos de autoconmiseración: no se permite la indulgencia consigo mismo que hubiera significado salirse de su posición protagónica en el campo de batalla. Esa también es, para él, una cuestión de “estilo”: otra vez, el mismo estilo vital que lo sostiene en ese campo de batalla es el que le hace generar concepciones teóricas decisivas como el desarrollo desigual y combinado y la revolución permanente (que tantos bien poco simpatizantes de Trotsky usan incluso sin saber de dónde las sacaron: hasta ese grado ha fracasado su “borradura”). No son muchos los que en el siglo XX, incluso estando en una posición similar, han sido capaces de hacer algo así, y encima de regalarnos una gran escritura, ante la cual es imposible no conmocionarse cualquiera sea la opinión sobre posiciones políticas particulares. Después de la citada y magistral biografía de Deutscher (y a su manera, la de Victor Serge), no ha sido capaz de estar a esa altura ninguna de las biografías o novelas biográficas que nos han caído en la última década –y cabría preguntarse por este verdadero “síntoma” en el contexto de la feroz crisis mundial que está atravesando el capitalismo–: con la muy estimable excepción de la novela del cubano Leonardo Padura, las demás oscilan entre un estúpido odio reaccionario que lleva hasta la más delincuencial falsificación, y las tonterías apenas epidérmicas que insultan la inteligencia de cualquier lector mínimamente sensible.
Este 72º aniversario del asesinato de Trotsky coincide con la aparición de una nueva edición de Mi Vida. Esta autobiografía será el segundo volumen de las Obras Escogidas, publicadas por el Centro de Investigaciones y Publicaciones León Trotsky, de Argentina. Esta serie de obras del revolucionario ruso, inaugurada con Stalin, el gran organizador de derrotas, se publicará como parte del esfuerzo conjunto del CEIP y el Museo Casa de León Trotsky, de México, por poner al alcance de nuevas generaciones que, lejos del “ya fue”, vuelven a reclamar su lugar en la historia.

martes, 10 de julio de 2012

Más de 4.000 participantes en la Conferencia Nacional de Trabajadores convocada por el PTS



Con más de 4.000 participantes sesionó este domingo en el estadio cubierto de Ferro la Conferencia Nacional de Trabajadores, convocada por el PTS con los delegados clasistas de todo el país, que incluían a militantes de 143 sindicatos y de 14 provincias.

La conferencia comenzó con la presentación de la Mesa que la presidiría. Para ello, subieron en primer lugar José Montes, referente de la histórica lucha contra la privatización del Astillero Río Santiago; Raúl Godoy, obrero de Zanon bajo control de sus trabajadores, y diputado electo del Frente de Izquierda y de los Trabajadores; Claudio Dellecarbonara, referente del ala clasista del Cuerpo de Delegados del Subte, y Javier Poke Hermosilla, el dirigente de la Comisión Interna de Kraft que encabeza la oposición contra la burocracia de Daer.

Un escenario representativo del avance de la izquierda clasista
Cada una de las presentaciones fue acompañada por los cantos de los miles de trabajadores y trabajadoras presentes, junto a la Juventud del PTS: “Se va a acabar / se va a acabar / la burocracia sindical”. Lo mismo sucedió cuando se presentó a los cerca de 30 dirigentes que se sumaron al escenario.
En representación de obreras y obreros de la alimentación de Kraft, PepsiCo, Stani, Felfort y otras de fábricas de la alimentación, subieron dos delegadas y luchadoras por los derechos de las mujeres trabajadoras, Lorena Gentile y Catalina Balaguer.
Hernán “Bocha” Puddu representó a los obreros automotrices de distintas fábricas que estaban presentes, como despedido por FIAT IVECO y expulsado por el SMATA Córdoba por defender a los contratados. Eduardo Ayala, dirigente de la agrupación Bordó de gráficos y la comisión interna de Donnelley (ex Atlántida), lo hizo en nombre de gráficos de Cedinsa, Printpack, World Color y otras empresas.
Lo siguieron Guillermo Betancourt y Oscar “Chiche” Hernández, dos destacados luchadores metalúrgicos de Siderca-Campana y Siderar-San Nicolás, que además, representaban a compañeros de la UOM de Villa Constitución, Quilmes, La Plata, La Matanza, Capital y Mar del Plata presentes.
Se invitó a subir a la mesa a Flavio Bustillo y Andrés Padellaro, referentes de la lucha contra la tercerización en el Ferrocarril Roca. Fue el momento en que la Juventud del PTS saludó a los compañeros cantando en homenaje a Mariano Ferreyra: “A Mariano Ferreyra lo vamos a vengar / con la lucha y la huelga general”.
Se sumaron Franco Villalba, delegado de Alicorp (ex Jabón Federal) que encabezó la Lista Bordó en las elecciones del Sindicato de Obreros Jaboneros, obteniendo el 37% en las fábricas del Gran Buenos Aires; Carlos Artacho, delegado de base del FOETRA Buenos Aires, acompañado por trabajadores y trabajadoras de Telefónica, Telecom y de los jóvenes de call centers.
Carlos “Charly” Platkowski, delegado de LAN Argentina, subió en representación de los trabajadores aeronáuticos de LAN, HAS, Aerolíneas Argentinas, Pertenecer e Intercargo.
Como parte de la importantísima participación de delegados y activistas estatales, subieron al escenario las delegadas de la Junta Interna del INDEC, Ana Laura Lastra y del IOMA de La Plata, Luana Simioni.
Llegó el turno de presentar a las delegaciones que llegaron de otros puntos más lejanos del país. Acompañados por el canto de “aquí están, estos son / los obreros sin patrón”, la delegación de Neuquén, que incluía a obreros ceramistas de Zanon, Stefani, Del Valle, obreros industriales de Aqualic, Papelera Molarsa, trabajadores textiles, de la fruta, de los Hospitales más importantes de la provincia, y estatales de distintas dependencias, estuvo representada por el compañero Secretario Adjunto del Sindicato Ceramista de Neuquén, Andrés “Chaplin” Blanco, Jorge Medina, dirigente de la lucha de Aqualiq, junto a Yazmín Muñoz y Graciela Frañol, delegadas de ATEN y dirigentes de la Agrupación Negra.
Por la provincia de Tucumán, ocuparon su lugar en la mesa Carlos Melián, delegado de la industria del citrus que vino acompañado de trabajadores de UATRE y la Alimentación, y Verónica Jerez, referente de la memorable lucha provincial de los autoconvocados de la salud.
Desde Jujuy llegó una importante delegación de trabajadores de los ingenios azucareros, de la siderúrgica Altos Hornos Zapla, juntos a estatales, municipales, docentes y trabajadores de limpieza, que fueron representados en la mesa por el delegado de los trabajadores municipales, del histórico SEOM, Alejandro Vilca.
Humberto, joven boliviano, subió como representante de los trabajadores inmigrantes presentes en la Conferencia, ocupados en la construcción, el trabajo doméstico y los talleres textiles. Al subir el compañero de la comunidad boliviana, desde las tribunas comenzó el grito de “La clase obrera es una y sin fronteras”, que contagió todo el estadio. El mismo canto recibió también al dirigente de la fábrica Brukman, obrero textil e integrante de la asamblea Coro Mayta de la comunidad boliviana, Yuri Fernández.
Alicia Navarro Palacios, miembro de la Comisión Directiva de Ademys, se sumó en representación de las compañeras y compañeros docentes de Ademys y UTE de la Ciudad de Buenos Aires, de los SUTEBA La Plata, Ensenada, Quilmes, Lomas de Zamora, La Matanza, San Martín-Tres de Febrero, Tigre, Gral. Sarmiento de la Pcia. de Buenos Aires, de SUTEBA Bahía Blanca, de la UEPC de Córdoba y de la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén.
De la provincia de Mendoza, que participó de la conferencia con una delegación de trabajadores de prensa, obreros vitivinícolas y trabajadores estatales y docentes, se sumó a la Mesa la delegada docente Nora Brucoleri, quien encabezó la Lista Marrón en su gremio, que obtuvo más del 20% de los votos en las últimas elecciones.
En representación de los participantes de la provincia de La Pampa, se sumó la compañera docente Claudia Lupardo; de la provincia de Entre Ríos, y la delegada también docente Mariana Saint-Paul.
Como parte de una delegación de la provincia de Santa Cruz, de trabajadores municipales y docentes, subieron al escenario el minero de Río Turbio Ramón Páez y Estela, empleada municipal.
Hernán Perriere, delegado del SUTEBA, hizo lo mismo como parte de la delegación llegada desde las ciudades de Bahía Blanca, Ingeniero White, Puerto Madryn y Tres Arroyos, en representación de la delegación de trabajadores de la UOCRA, de Comercio y del Polo Petroquímico. Finalmente, el docente Gustavo Piscini subió al escenario como parte de la delegación de Mar del Plata, que incluyó trabajadores metalúrgicos, telefónicos y de la educación.
Por último, desde la mesa, se saludó a los compañeros y compañeras de distintos lugares del país que estaban presentes, como los choferes de colectivo de la UTA, trabajadores portuarios, de aguas gaseosas, bancarios, trabajadores postales, obreros de la carne, fosforeros, de la industria del vidrio, del plástico, camioneros, trabajadores de las principales fábricas de la industria del neumático como FATE y Firestone, del emblemático gremio de Luz y Fuerza de Córdoba, jóvenes trabajadores cerveceros, empleados de Comercio, trabajadores del gremio químico, trabajadores lecheros de ATILRA, trabajadores del casinos, obreros papeleros y compañeras del sindicato de trabajadoras domésticas.
Al finalizar la lectura de la lista de participantes, el estadio se unió en un solo canto, “Unidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode”. Además, se saludó la presencia de referentes de las organizaciones invitadas, entre ellas María del Carmen Verdú y otros compañeros miembros de la Correpi (Coordinadora con la Represión Policial e Institucional), compañeros de la AEDD (Asociación Ex Detenidos Desaparecidos), y de la Asamblea Popular Carlos Coro Mayta. Con la participación de militantes de 14 provincias que actúan en 143 sindicatos, se daba inicio a la Conferencia Nacional de Trabajadores convocada por el PTS.
Los informes y discursos de los dirigentes obreros
Raúl Godoy propuso, para votar por aclamación, la presidencia honoraria de la Conferencia. Se trataba de los compañeros del PTS recientemente fallecidos, Polo Denaday y Liliana Parotti, que fueron ejemplos de profesionales (abogado el primero, contadora la segunda) que pusieron su profesión al servicio de la causa de la clase obrera y la lucha revolucionaria; Mariano Ferreyra, militante del PO asesinado por la patota de la burocracia sindical de Pedraza; los mineros del carbón del Estado Español; las masas del Norte de África; y la juventud que se levanta contra el capitalismo en todo el mundo.
Luego realizó un informe sobre la situación que estamos viviendo, en Argentina y el mundo, y las tareas del movimiento obrero y la izquierda. Dijo Godoy que “Tenemos que decir que empieza a cambiar en gran escala la situación de la clase obrera: lo que ayer fue una experiencia de la vanguardia, el sindicalismo de base, hoy empieza a ser experiencias de sectores de masas (…) Entramos en una nueva y apasionante fase en la experiencia de los trabajadores con un gobierno peronista. (…) Nuestra pelea arranca en el marco de una profunda división de las filas obreras. Los sindicatos representan nada más que una minoría. Sólo poco más del 30% de los 11 millones de trabajadores que hay en el país está afiliado a algún sindicato. Esa minoría es la que puede elegir, cuando nos dejan, a los dirigentes sindicales. El 70%, donde están los en negro, muchos contratados que van de lugar en lugar y los no afiliados, la mira de afuera. Y encima la burocracia sindical, tanto de la CGT como de la CTA, han dividido a las centrales en función de la interna peronista y de la oposición patronal de Binner. (…) Por eso es fundamental no dejar en manos de la burocracia, las legítimas demandas de los trabajadores, ni tampoco el futuro en sus manos.
Fuimos miles en todo el país los que nos movilizamos el 27 utilizando la convocatoria pese a la dirección de Moyano, porque las peleas que le damos en cada lugar de trabajo se la trasladamos a las calles con la columna en Plaza de Mayo o la marcha en Neuquén donde fuimos tanto con la CTA como con la CGT mostrando la alternativa del sindicalismo de base ante los afiliados de los sindicatos de masas.
(…) Por su puesto que tenemos que reagrupar, con esta perspectiva, a todos los que luchan por recuperar los sindicatos. Pongámosle fecha, con los compañeros del FIT, a una gran Asamblea Nacional de Trabajadores, de todas los agrupamientos antiburocráticos y combativos, para que juntos organicemos una verdadera alternativa que tenga la fuerza de enfrentar a la burocracia sindical en todas sus alas.
(…) Hoy las distintas burocracias en que dividen a las CGTs y las CTAs tienen proyectos políticos patronales detrás. Los Gordos detrás de Cristina que pasa los fines de semana en su mansión del Calafate mientras los trabajadores sufrimos penurias. Y particularmente Moyano nos quiere llevar detrás de Scioli, el peronismo del aguinaldo en cuotas. Para que no utilicen nuestras luchas como base de maniobras para proyectos políticos patronales, tenemos que empezar a hacer crecer la idea de un partido propio de nuestra clase trabajadora.
(…) Por esto, queremos debatir en esta Conferencia la propuesta central de llevar a decenas de miles de trabajadores dos grandes ideas: por sindicatos sin burócratas, por un partido de trabajadores sin patrones, junto a la exigencia de un plan de lucha por un programa para el conjunto de la clase trabajadora”.
A continuación, tomó la palabra Claudio Dellecarbonara, quien planteó que “los trabajadores somos los que creamos y movemos todo (…) en Argentina somos 11 millones de asalariados, no hay clase más numerosa que la nuestra, con nuestras familias somos la inmensa mayoría nacional. (…) En las últimas décadas, los trabajadores de servicios hemos adquirido una enorme importancia, no sólo porque en las grandes concentraciones urbanas cada día se hace más estratégico el transporte de mercancías y las comunicaciones, sino porque movilizamos todos los días al bien más preciado del capitalismo: la fuerza de trabajo. Es por esto que ante cada huelga en los servicios se vea una enorme preocupación y hay ataques furibundos de parte de los empresarios y del Estado que los representa. (…) Queremos poner los sindicatos al servicio de las necesidades del conjunto de la clase obrera, de los oprimidos, de los que no tienen voz, para luchar por coordinar esfuerzos y acaudillar a los sectores oprimidos, todas cosas ignoradas por la burocracia sindical”. Más tarde aclaró que “nosotros, delegados o activistas honestos, por más buenos que seamos en la defensa de las reivindicaciones de nuestros compañeros, si no vemos la necesidad de construir una alternativa propia, estaríamos dejando indefensos a esos mismos compañeros frente a los burócratas que ponen a los sindicatos al servicio de los proyectos políticos de los capitalistas, nuestros enemigos. Ahí tenemos los ejemplos de muchos sindicalistas que decían que no hacía falta un partido de los trabajadores; ahí los vemos hoy apoyando al gobierno, como la mayoría de la directiva de nuestro sindicato. Dándole la espalda a la propia clase.”
A su turno, José Montes se refirió a las tradiciones de la clase obrera, que no se limitan a las luchas sindicales. “A los trabajadores todos los días nos roban parte de lo que producimos con nuestro esfuerzo. Pero si con esto no alcanzara, los ideólogos del orden actual, quieren robarnos también nuestra propia historia. Quieren borrar de la historia de una clase que hace 180 años la clase lucha por sus demandas. Desde allí, los trabajadores se mostraron como la clase más creativa de la historia de la humanidad. Creó sus propias organizaciones, los sindicatos. Formó los grandes partidos socialistas de masas y lograron las primeras conquistas. Todo mediante la lucha. Y en el siglo XX, la clase obrera hizo la Revolución Rusa. Y los trabajadores organizaron su propio Estado que consiguió las conquistas más importantes de la historia de la humanidad. (…) Luego la clase obrera conquistó Estados donde los patrones fueron expropiados en un tercio de la humanidad, desde China hasta Cuba en América Latina. Pero nuestra clase fue capaz además de atraer para sus filas a los mejores intelectuales en el siglo XIX y XX: Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, y Antonio Gramsci. Hoy cuando nuevamente y luego de años de derrotas, la clase obrera se vuelve a poner de pie, tenemos que pelear por nuestra historia porque es pelear por nuestro futuro”.
El saludo de las organizaciones invitadas
Desde el escenario se invitó a hablar a dirigentes del Partido Obrero e Izquierda Socialista, organizaciones que integran FIT.
Néstor Pitrola, dirigente del Partido Obrero, tomó la palabra llamando a “fortalecer el Frente de Izquierda, interviniendo en cada episodio de la crisis política de manera de llevar a los explotados con la izquierda hacia la única salida posible”. Agregó además que “el 6 de agosto empieza el juicio a los asesinos de Mariano Ferreyra (…); hacemos el llamado a que nos movilicemos, en conjunto, masivamente en todo el país”.
Graciela Calderón, docente de la Comisión Directiva del SUTEBA Matanza, trajo el saludo de la Dirección Nacional de Izquierda Socialista, y de Rubén Pollo Sobrero, Angélica Lagunas, y Liliana Olivero. En su saludo, planteó, entre otras cosas, que “es importante la unidad de los dirigentes antiburocráticos y de la izquierda clasista, para que las luchas se ganen. Por eso le damos mucha importancia a debatir, en este evento del PTS, o la Asamblea Nacional Clasista, que se pretende impulsar (…) Saludamos esta convocatoria (…) En esa Asamblea Nacional Clasista, proponemos construir una coordinadora genuina, de los cuerpos de delegados, internas, con todos aquellos que se reclamen antiburocráticos y combativos, más amplia que el Frente de Izquierda. Porque diariamente se suman otros trabajadores para luchar contra la burocracia”.
Además, se dirigió al público Omar Villablanca, Secretario General del Sindicato Ceramista de Neuquén y miembro del sector independiente de la Agrupación Marrón, quien consideró que “para nosotros era importante venir acá (…) porque nos consideramos clasistas, junto a compañeros que nos han apoyado históricamente”. Hablando de la importancia de haber formado parte del Frente de Izquierda durante las últimas elecciones, mencionó que “podemos ser los mejores luchadores, pero al momento de las elecciones sólo nos ofrecen las alternativas de los patrones. Y decidimos tener nuestra propia alternativa, así tuvimos los primeros logros”. Reivindicó además su pertenencia a la corriente que impulsa el periódico Nuestra Lucha junto con papeleros, estatales y luchadores de muchos otros gremios.
La crisis y la necesidad de dar una salida política
Christian Castillo, dirigente nacional del PTS, señaló que “estamos realizando esta Conferencia en medio de la continuidad de la crisis capitalista mundial, que es el acontecimiento que marca el período histórico que estamos atravesando. La crisis ha abierto una gran pulsada entre los banqueros, los grandes monopolios y los gobiernos que los representan, contra los trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo. Uno de los grandes protagonistas viene siendo la juventud, que está abriendo los ojos ante lo que es el capitalismo. Y también se está produciendo una crisis política de las direcciones políticas del movimiento obrero. En nuestro país, si bien los ritmos hasta el momento han sido distintos, estamos viendo también el inicio del enfrentamiento de sectores de la base obrera con el gobierno de Cristina. Esa experiencia se está empezando a desarrollar”.
Castillo agregó que “a los compañeros del FIT le hemos planteado la necesidad de abrir la discusión de un partido común. Pero aun cuando eso se materializara, seríamos una pequeña minoría. Por eso, una de las ideas centrales que queremos plantear claramente, es decirle a los trabajadores que no hay tarea más importante que construir un partido de trabajadores sin patrones. Queremos ayudar al proceso de ruptura de los trabajadores con el gobierno, y que las disputas de los de arriba no sean canalizadas por otras alternativas patronales. Una fuerza que si se pone en marcha, ningún aparato de ningún Estado capitalista va a poder detener. Por eso, junto a la participación en las luchas, junto al pronunciamiento ante grandes hechos, juntos a la propuesta de la Asamblea Nacional Clasista a los compañeros del FIT, a ellos también les decimos que tenemos que plantear juntos, en todos los barrios y fábricas, la idea de que hay que construir ese gran partido de la clase trabajadora”.
Unir a la clase obrera luchando junto a los más explotados
Uno de los puntos centrales de la conferencia fue la discusión sobre la unidad de las filas obreras, y cómo organizar a los sectores más explotados.
Javier “Poke” Hermosilla tomó la palabra planteando que “miles de trabajadores se han movilizado y se han puesto contra el gobierno y su política antiobrera. Una de las tareas que tenemos ante esta situación es hacernos cada vez más fuertes donde estamos, seguir conquistando comisiones internas, en los grandes gremios de la industria”. Relató que “con la Lista Bordó cientos de compañeros nos pusimos al frente para enfrentar a Daer; ahora existe una corriente para enfrentarlo con el aporte de compañeros independientes, de la juventud también. Por eso nos persiguen”. Finalizó planteando que queda una gran tarea por delante, que es continuar luchando por “los precarizados, los tercerizados, para ayudar a la unidad de las filas obreras.”
Desde el palco, uno de los discursos más aplaudidos fue el de Lorena Gentile, delegada de la Comisión Interna de Kraft. “Queremos impulsar una gran campaña por los derechos de las mujeres trabajadores. Cristina Kirchner habla cínicamente de los derechos de los trabajadores, mientras garantiza desde hace años las ganancias de las patronales, a costa de nuestros derechos, de nuestra salud, de la precarización. La burocracia mantiene la división de las filas obreras, y la opresión de la mujer en las fábricas”.
Lorena agregó entonces que “tiene que ser tarea primordial ver cómo levantamos las demandas de los sectores más oprimidos, y tiene que estar en primer lugar la mujer trabajadora, y la juventud. Pero también las minorías sexuales. Miles de mujeres están hartas de las condiciones de explotación y discriminación, están hartas de la violencia. Por eso nosotros en Kraft dijimos basta y paramos la producción cuando un líder acosó a una compañera”. La mención del paro de Kraft contra el acoso de los líderes generó el grito que bajaba de las tribunas:“Sí se puede, si una mujer / si una mujer avanza ningún hombre retrocede”.
Lorena terminó planteando que “es tarea de la izquierda clasista organizar, para que seamos una fuerza arrolladora contra la burocracia sindical y los que nos oprimen. Porque algunos dicen ‘detrás de un gran hombre hay una gran mujer’. Pero las mujeres que estamos acá no vamos atrás de nadie: estamos en primera fila”.
En uno de los discursos más conmovedores de la tarde, Humberto, joven inmigrante boliviano, hizo referencia a los millones de jóvenes (tanto inmigrantes como argentinos) que sufren las peores condiciones de trabajo, precarizados y semi esclavizados en fábricas donde deben trabajar 12, 14 o 16 horas para ganar lo suficiente para pagar un alquiler en una pensión. Pero a pesar de todos esos padecimientos, afirmó “me siento orgulloso de ser parte de esta juventud que se levanta en el mundo”, proponiendo “poner en pie una gran juventud trabajadora, junto a las comunidades originarias, los estudiantes, para eliminar este sistema de explotación y opresión.”
El debate en comisiones
Luego de los informes y saludos desde la mesa, se pasó a funcionar en 16 comisiones, lo que permitió un rico debate sobre el Proyecto de Resoluciones que se había presentado a los participantes de la Conferencia. Luego, mientras una comisión centralizaba las enmiendas propuestas y debatidas en las comisiones, llegó una segunda parte de saludos de las principales delegaciones presentes.
Hernán “Bocha” Puddu se refirió a las suspensiones y despidos que ya se estaban sintiendo en la industria automotriz, y la importancia de desarrollar una corriente antiburocrática en el SMATA. Con el mismo planteo se sumó un trabajador de VW Córdoba, que denunció la persecución por parte de la burocracia que está sufriendo la comisión interna de Lear, y llamó a impulsar una campaña democrática en su apoyo.
Flavio Bustillo, dirigente ferroviario y referente de la Lista Bordó del FFCC Roca, reivindicó la tradición que están forjando junto a otras listas clasistas en distintos gremios, como los gráficos y jaboneros. Además, llamó a organizar la oposición en el ferrocarril, para echar a Pedraza, y sumó a los miles de participantes a un solo grito: “Mariano Ferreyra, Presente!”.
Carlos Melián, delegado en la industria del citrus de Tucumán, señaló que “en esta conferencia vinimos desde Tucumán con compañeros de distintos gremios, entre ellos la compañera Verónica Jerez, delegada de los trabajadores autoconvocados de la salud, perseguida por defender a los sectores más precarizados y hacer valer los mandatos de asamblea”. Pero Melián también denunció la situación de los trabajadores del campo y la agroindustria: “vinimos compañeros que pertenecen al gremio UATRE y de la Alimentación. En la Argentina hay 350 mil trabajadores golondrinas, que trabajan en la zafra de Tucumán, el ajo en Mendoza, o la manzana en Río Negro. Y lo hacen en condiciones de esclavitud, por responsabilidad de las patronales, del gobierno provincial, y de la burocracia de la UATRE. Trabajemos 4 o 5 meses, y nos tiran a la calle. La fruta puede tener temporada, el salario para darle de comer a nuestros hijos, no. Por eso, queremos recuperar nuestro sindicato, no para ir detrás de las patronales agrarias como hace Venegas, o detrás de Cristina como hace Daer, sino para organizar a los trabajadores”.
Por último, Alejandro Vilca, delegado de los recolectores de residuos de Alto Comedero, Jujuy, se refirió a las huelgas en los ingenios que se vivieron en los últimos meses, y el repudio que crece contra el colaborador de la dictadura, el patrón de miles de obreros azucareros, Carlos Blaquier.
Ya estábamos finalizando cuando dos compañeros nos sorprendieron y emocionaron con sus saludos. Un experimentado dirigente de los obreros del ingenio La Esperanza, hoy en manos del Grupo Roggio, dijo que “somos los trabajadores que mantenemos el país, los que mantenemos la salud y la educación, no este gobierno que viene a administrar mal la plata, y hace negocios con sus amigos. Para que se acabe hay que cambiar a estos traidores que están en los sindicatos, y nos venden por migajas. De acá me voy con muchas ganas de seguir peleando, y junto a ustedes”.
Junto a él estaba una luchadora de la Comisión de Mujeres de La Esperanza. Segundina despertó el aplauso emocionado de todos cuando dijo “quiero saludar en mi lengua, porque siempre nos han discriminado. Estoy orgullosa de ser boliviana”. Segundina saludó en quechua a los presentes, que cantaron “la clase obrera, es una y sin fronteras”.
Entonces la compañera planteó que “los empresarios nos roban. No necesitamos que vengan empresarios, que vengan capitalistas. Los compañeros saben cómo fabricar azúcar, los compañeros saben cómo trabajar el campo. Algunos entran al sindicato y se venden, por eso queremos control obrero, porque entre compañeros podemos salir adelante”. Con el canto de “Unidad, de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode”, que duró varios minutos, terminaba una intensa jornada de debate y propuestas. Miles de trabajadores, jóvenes y militantes se llevaban el compromiso de seguir peleando por hacer avanzar la izquierda clasista en el movimiento obrero.
Luego habló Jenny Wainberg, dirigente de la Juventud del PTS, quien destacó la necesidad de que la juventud y los trabajadores luchen juntos, llamando a los estudiantes a apoyar la lucha del movimiento obrero como se hizo en Kraft y otras ocasiones.
Para finalizar, se hizo referencia a las resoluciones discutidas en las comisiones. Aprobadas por la positiva en general, surgieron varias enmiendas que luego fueron leídas por los coordinadores de las comisiones desde el escenario. Aprobadas todas, serán incorporadas a las resoluciones finales.
Raúl Godoy cerró la Conferencia con una muy emotiva intervención, tomando la propuesta de las comisiones de editar decenas de miles de stickers con las dos consignas centrales de la Conferencia, para meter en todas las fábricas y lugares de trabajo de todos los allí presentes, para abrir un debate amplio, a la vez que profundizamos lo que verdaderamente nos hace vibrar, la intervención en la lucha de clases, terreno en el cual queremos formarnos como dirigentes y luchadores de la clase que merece dar una respuesta a los padecimientos y miserias que nos impone el sistema capitalista.
Mundo Obrero

domingo, 21 de agosto de 2011

Homenaje a Trotsky a 71 años de su asesinato


Reproducimos aquí una nota del historiador y profesor en la Universidad de Lima, Perú,  Gabriel García Higueras. Aquí elabora una crítica a la biografía recientemente publicada del "falsificador", Robert Service. 
Como dice nuestra compañera Cecilia aquí , a propósito de la nueva "novela" de Marcos Aguinis y el "inusitado" interés que provoca la vida del gran revolucionario ruso (además de la buena semblanza para comprender el porqué), cuando el capitalismo mundial se tambalea en su gran crisis histórica. 
A ellos le decimos como ya lo hiciera el mismo Trotsky sobre Rusa Luxemburgo ante las falsificaciones stalinistas : "Fuera las manos de León Trotsky!"



71 aniversario luctuoso

Gabriel García Higueras


Entrar en la interpretación de un hombre es cosa que requiere 
delicadeza y piedad. Si se entra en tal interpretación armado 
con una filosofía hostil a la que inspiró la vida 
y la obra de aquel hombre, se incurre en un error crítico evidente 
y se comete, además, un desacato.
Alfonso Reyes






En septiembre de 2010 se publicó en español una nueva biografía de Trotski. Escrita por el historiador británico y profesor de Oxford, Robert Service, presenta el título de Trotski: una biografía (Barcelona, Ediciones B). Con esta obra, Service concluyó la trilogía de los líderes de la Revolución rusa (precedentemente había escrito las biografías de Lenin y Stalin). Su voluminosa obra de 735 páginas fue publicada originalmente en el Reino Unido y Estados Unidos, en 2009. Poco después de su aparición se hizo notar la divergencia de criterios acerca del valor de este trabajo. Así, el crítico John Gray, en el magazín londinense Literary Review, calificó la obra como “la mejor biografía de Trotski hasta la fecha”. De su lado, Paul Le Blanc se refirió a ésta como el “segundo asesinato” del pensador y revolucionario ruso. Desde entonces no han cesado los comentarios favorables en la mayoría de los medios escritos, como tampoco las evaluaciones críticas. Por añadidura, la obra en cuestión ha merecido en 2009 el Premio Duff Cooper (que en Gran Bretaña galardona las obras de no ficción), dotado de 5 mil libras esterlinas.
Teniendo en consideración la polémica que ha enmarcado la publicación de tal biografía, la cobertura informativa que se le ha dispensado y la influencia mediática de su autor, analizaré críticamente el referido trabajo. Coincido con lo sostenido por el estadunidense David North cuando advierte que en este libro “casi no hay una página en la cual el lector bien informado no encuentre pasajes reprensibles”. Por motivos de espacio, me ocuparé sólo de algunos.
Trotski: una biografía está estructurada en cuatro partes de acuerdo con un orden cronológico. Cada una de sus partes está constituida por trece capítulos, que suman un total de cincuenta y dos. El texto está redactado en un lenguaje claro y fluido. De todo el conjunto, la tercera y cuarta partes (en especial la última) son las que presentan mayores deficiencias.

Natalia Sedova, Frida Kahlo y León Trotski
En el prefacio, Service nombra los archivos consultados en su pesquisa documental: Amsterdam, Harvard, Moscú, y, sobre todo, la Institución Hoover, en Stanford, cuyo material sobre Trotski –señala– ha sido utilizado en su mayor parte. Bien es sabido que el empleo de fuentes primarias no acredita per se la calidad científica de un trabajo de historia; su valor dependerá, en no menor grado, de la metodología empleada y la perspectiva adoptada por el investigador.
Service declara que su libro “es la primera biografía extensa sobre Trotski escrita por un no ruso y no trotskista”. Esta afirmación no se aviene con la verdad, puesto que la vida de Trotski ha sido explorada y escrita con extensión en Occidente por autores no afiliados al trotskismo. De este modo, en la década de 1970 se publicaron las biografías escritas por Joel Carmichael, Robert Payne, Ronald Segal y Robert Wistrich, por citar algunas.
Del error al dislate
En este mismo apartado, Service cuestiona a dos reconocidos biógrafos de Trotski, Isaac Deutscher y Pierre Broué, a quienes les critica no haber formulado las preguntas más incómodas. Sin embargo, los resultados de su trabajo se hallan muy por debajo del nivel historiográfico alcanzado en esas biografías. Service carece del talento literario de Deutscher; tampoco consigue la necesaria compenetración con el personaje como para aportar una comprensión más profunda de su personalidad histórica. Compárese cualquiera de los capítulos de la trilogía El profeta con los de esta reciente biografía y quedara más que evidenciada su superioridad en cultura histórica, profundidad analítica y capacidad investigativa. El único aspecto en el que Service aventaja a Deutscher es que, por el tiempo histórico que le tocó vivir, presenció acontecimientos de la historia política mundial que el escritor polaco no logró ver; asimismo, tuvo la oportunidad de acceder a documentos que en las décadas de 1950 y 1960 no se hallaban a disposición de los investigadores. Otro tanto podríamos argumentar sobre el trabajo de Broué (a quien Service tilda de “idólatra”), que fue uno de los investigadores más calificados para escribir la biografía de Trotski, tema al que dedicó más de treinta años de estudio. Por otra parte, en sus últimos años, Broué contribuyó significativamente al conocimiento de los trotskistas en la URSS y su exterminio por el aparato estalinista en los años treinta. Si Service hubiese mitigado sus prejuicios ideológicos, podría haber aprovechado mejor estos trabajos y, por ende, habría evitado cometer los no pocos errores y dislates que su obra presenta.     
Tanto en la introducción como en el último capítulo de su biografía, Robert Service sostiene que Trotski fue rehabilitado políticamente en la URSS, bajo la administración de Gorbachov. Esta es otra afirmación falsa. Trotski nunca fue rehabilitado políticamente en la Unión Soviética. Durante la perestroika se recuperó su memoria como parte de un proceso de revisión crítica de la historia oficial. En otro orden, a Trotski y a su hijo Lev Sedov nunca se los rehabilitó jurídicamente en laURSS de los cargos infames que constaban en el pliego acusatorio de los Procesos de Moscú.
Al narrar la vida de Trotski, Service incurre en un grave error cuando sostiene que hasta los veintitrés años su nombre era Leiba Bronstein. y que mudó de identidad cuando decidió que se le conociera como Lev Trotski. Todos los documentos y estudios biográficos certifican que su nombre era ruso: Lev –que era como se llamaba su abuelo paterno. Esta distorsión onomástica obedece al propósito de subrayar las raíces judías del personaje, origen que, según Service, Trotski se interesó en ocultar durante toda su carrera revolucionaria. Los argumentos expuestos en abono de esta tesis resultan inconsistentes.
El biógrafo hostil
La animadversión hacia el protagonista de esta biografía resalta desde los primeros párrafos. Es cierto que Service destaca las cualidades de Trotski en tanto excepcional orador y escritor (dotes que son sobradamente conocidas); pero sobre cualquier reconocimiento se superponen los juicios desaprobatorios. Las sombras oscurecen el relato. Este autor no sólo recalca los errores políticos de Trotski, sino que pretende erosionar su imagen histórica. Indudablemente, se trata de la biografía más hostil que se haya escrito de Trotski desde una ideología liberal conservadora. Para ello, Service juzga moralmente todos aquellos episodios de su vida que, a su entender, expresaron una conducta deshonesta. Así, afirma que en 1902 Trotski planeó el abandono de su primera esposa, Alexandra Sokolovskaia, y de sus dos pequeñas hijas en Siberia para huir a Europa (este juicio no es original, puesto que, de manera similar, lo expresó el historiador ruso Dmitri Volkogonov). Silencia el hecho de que el plan de evasión fue decidido de común acuerdo y secundado en su realización por la propia Sokolovskaia.

Trotski y su mujer en México
Con un criterio sensato y honesto, Service debió presentar a Trotski sobre la base de hechos comprobados y no introducir juicios personales para desacreditar la reputación del biografiado. En este sentido, su obra puede ser considerada como una muestra de lo que un investigador no debe hacer cuando aborda una biografía.
Insiste en resaltar de la personalidad de Trotski su carácter profundamente egocéntrico, su concepción utilitaria de las relaciones humanas y hasta “su falta de humanidad”. Para ello se apoya en ciertos testimonios (de los que no hace la crítica pertinente), y deja de lado otros que atestiguan aspectos distintos. El estudio de Service carece de los matices necesarios para una adecuada caracterización psicológica de la compleja personalidad de Trotski.
De manera mezquina, Service pretenda menguar la originalidad intelectual de algunas de sus concepciones revolucionarias, y le resta veracidad a su obra historiográfica y méritos a sus análisis de la política mundial en los años treinta. De otra parte, no trata con suficiencia las seudoacusaciones por las que Trotski fue deportado de la URSS; tampoco el carácter monstruoso de los juicios-espectáculo de Moscú, ni destaca la importancia que Trotski le asignó a la realización del Contraproceso en México.
Los capítulos dedicados a la lucha entre la oposición y la dirección del Partido contienen serias limitaciones de perspectiva y carecen de profundidad. Service expone parcial e insustancialmente las demandas y los planteamientos de la Oposición de Izquierda y, más tarde, de la Oposición Unida. Busca atenuar las diferencias entre la Oposición y el Politburó. No presta la importancia debida a la burocratización de los órganos del poder soviético; limita su explicación al nivel de la lucha de personalidades. Claramente su juicio favorece a Stalin. De esta manera, opina que “mientras Trotski había izado la bandera del fraccionalismo, Stalin había trabajado con solidez y lealtad en pro de la dirección en ascenso del Partido”. Critica las invectivas de Trotski al secretario general del Comité Central del Partido, pero no comenta negativamente las acciones de Stalin en contra de su rival. Todo lo expuesto por Service acerca de la lucha en el Partido puede considerarse como un retroceso en el estado de la información histórica desde los trabajos de E. H. Carr.
No obstante, proporciona información detallada en el terreno de la petite histoire: el gusto de Trotski por vestir con elegancia, sus dolencias, los rumores acerca de sus devaneos con la escultora británica Clare Sheridan (la descripción que ofrece de ese pretendido encuentro íntimo resulta cómica) y la revolucionaria Larisa Reissner; las direcciones de las casas donde moró, los nombres de sus canes, etcétera.
La finalidad de Service es develar las presuntas contradicciones de Trotski para desacreditarlo políticamente y sostener que sus ideas y prácticas sirvieron de fundamento al estalinismo; que Trotski compartía con Stalin una concepción autoritaria de la política y que sus posiciones eran similares en cuanto al empleo del terror en la edificación de un nuevo orden social. De ahí que afirma: “Estaba cerca de Stalin tanto en intenciones como en prácticas.” Y plantea que si Trotski hubiese asumido el gobierno de la Unión Soviética “los riesgos de un baño de sangre en Europa se habrían incrementado de forma drástica”.
El trabajo de Service revela su falta de probidad académica: está parcializado y es engañoso. Contiene una serie de presunciones sesgadas, ofrece versiones inexactas e incompletas sobre varios episodios; además evidencia su falta de ahondamiento en la materia y la comisión de errores fácticos, de juicio y hasta de cronología. La exactitud en historia no es una virtud sino un deber.
Hay, pues, patente descuido en la investigación. Las inexactitudes no sólo atañen al texto, sino también a las imágenes. De las treinta y ocho fotografías publicadas, tanto en la edición inglesa como en la española, cinco de ellas no corresponden a los personajes identificados ni a los lugares y años que se indican (esto se observa en las fotos 6, 20, 22, 24 y 26).
Un factor a considerar en la valoración de una obra de historia es su trascendencia. En el campo de la biografía de Trotski, por ejemplo, la obra de Isaac Deutscher sigue siendo consultada y reeditada. ¿La biografía escrita por Robert Service pasará la prueba del tiempo? Por todas las observaciones expuestas y por tratarse de un trabajo seudoacadémico que sirve a fines extrahistóricos, ciertamente creemos que no.



http://www.jornada.unam.mx/2011/08/21/sem-gabriel.html