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domingo, 7 de junio de 2015

Cuando decimos: “Ni una menos”*

Las mujeres no buscamos que nos maten por celos, según -indican fallos judiciales –como los de Horacio Piombo y otros jueces retrógrados– o como señalan las millones de denuncias desatendidas por la Policía.



Todo parece comenzar con un hashtag que explota en las redes sociales. Se pliegan personalidades de la cultura, del periodismo, del deporte, de los más diversos ámbitos sociales. Y tras el “éxito” de la consigna, vienen las adhesiones de la farándula y la política tradicional, que no pueden permitirse, en plena campaña electoral, quedar fuera del fenómeno.
#NiUnaMenos surge de un grupo de periodistas, escritores y artistas realmente preocupados por la violencia contra las mujeres.
#NiUnaMenos se hace eco de lo que muchas organizaciones de mujeres y derechos humanos, como Pan y Rosas (con 12 años de existencia) o la Casa del Encuentro 
(el observatorio de femicidios que releva los casos), venimos denunciando: no hay crímenes pasionales; las mujeres no provocamos nuestra propia muerte porque decidimos separarnos, hastiadas de la violencia en la pareja.
Las mujeres no buscamos que nos maten por celos, según indican fallos judiciales –como los de Horacio Piombo y otros jueces retrógrados– o como señalan las millones de denuncias desatendidas por la Policía.
Los homicidios de mujeres se basan en prejuicios ancestrales que nos conciben como propiedad de otros, que marcan nuestros cuerpos para estar a disposición del goce de otros, que señalan que nuestras vidas están para servir a otros en todos los órdenes de la vida (sean hombres, niños, ancianos).
Esos crímenes son el último eslabón de una cadena de violencia cotidiana que se ejerce en los múltiples ámbitos de una sociedad capitalista y patriarcal.
Esos prejuicios actúan de manera tal que cada vez que una mujer es asesinada, todas las otras somos llamadas al orden porque, ¡ojo!, podemos ser la próxima. Una muerta cada 30 horas nos marca que puede ser nuestra hermana, madre, cuñada, compañera de trabajo o de estudio. Que podemos ser nosotras mismas.
Esos prejuicios son sostenidos por los medios de comunicación 
que nos muestran como objetos de consumo y de marketing. Por una Iglesia hipócrita, que nos habla 
de vida mientras hace lobby para que una de nosotras –también cada 30 horas– muera por las consecuencias del aborto clandestino.
“Defender la vida”, dicen, mientras desde el Vaticano condenan la homosexualidad y la conquista del matrimonio igualitario es tildada como “derrota de la humanidad”. “Defender la vida”, ¿mientras nuestras compañeras trans no superan los 35 años de vida por estar en su mayoría arrojadas a la miseria y la prostitución?.
#Niunamenos es también alzar la voz por nuestras compañeras asesinadas a golpes por la Policía transfóbica.
Sobre estos prejuicios, el propio Estado y las patronales, con la concurrencia de los sindicalistas traidores, nos relegan a ser el último orejón del tarro –junto a jóvenes e inmigrantes– en el mundo del trabajo. ¿Cómo poder emanciparnos económicamente si la mitad de nosotras, en la Argentina, trabaja precarizada y en negro?
Nuestras muertas
Decimos #NiUnaMenos no como discurso de ocasión ni por la foto publicitaria, ni con la hipocresía de los verdaderos responsables de que esta violencia se perpetúe día a día. Lo decimos con odio, porque es una de nosotras la que se va.
Como trabajadora de la educación, no acepto la foto cínica de los 24 ministros que se “comprometen”, en 2015, a que se apliquen los contenidos curriculares “mínimos” de una Ley de Educación Sexual Integral sancionada en 2006, que poco se ejecuta, obstaculizada por la Iglesia Católica. Porque son nuestras estudiantes las que tapan sus golpes con maquillaje, las que se mueren por abortos mal practicados, las que serán secuestradas por las redes de trata.
Cuando decimos #NiUnaMenos, es porque somos nosotras las que contamos a nuestras muertas, porque no hay estadísticas oficiales a nivel nacional ni provincial. Y lo estamos diciendo con la bronca que lanzará a los y las miles que nos movilizaremos mañana, 3 de junio, para exigir que se declare la emergencia en violencia de género en todo el territorio nacional.
Y nos estamos organizando para exigir que se destine presupuesto urgente para refugios que alberguen a las víctimas y a sus hijos. Refugios que pueden ponerse ya en funcionamiento, expropiando todas las viviendas ociosas, los complejos de departamentos que inundan las ciudades como expresión creciente de la especulación inmobiliaria. Los necesitamos ya, para que sean coordinados por las propias mujeres, organismos de derechos humanos, organizaciones realmente interesadas en defender nuestros derechos.
Exigimos, además, que todas las trabajadoras estén en blanco y tengan garantizado el acceso a la salud. Para las mujeres desocupadas, demandamos subsidios equivalentes a la canasta básica familiar.
El dinero debe salir de impuestos progresivos a las grandes fortunas y mediante la constitución de un fondo especial surgido de las dietas de todos esos funcionarios y políticos a los que vimos sacándose fotos con el cartelito de #NiUnaMenos. Que cobren como una maestra, como lo hacemos los diputados del Frente de Izquierda.
Es necesario empezar a desterrar de manera urgente los prejuicios machistas; hay que poner a toda la comunidad educativa, docentes, estudiantes, padres y madres, abuelos, a discutir de manera masiva e inmediata los fundamentos culturales e ideológicos de la violencia de género. Sin confiar en los hipócritas de toda laya que sostienen este sistema patriarcal, nuestra fortaleza estará en organizarnos desde ahora contra los opresores y explotadores de ayer y de hoy.

*Columna de opinión aparecida el martes 2 de junio en La voz del interior 

lunes, 17 de noviembre de 2014

Triste actualización de los números funestos

Hace un tiempo publicábamos en este blog las cifras de femicidios que hay que contabilizar en Córdoba. Hoy se cumplen dos meses del asesinato de Paola Acosta. Lamentablemente, esa cuenta se actualiza mes a mes, con nuevas víctimas. Algunas estadísticas indican que la frecuencia de los asesinatos se agudiza, y una mujer muere cada 24 hs. 
Sin embargo, nosotras no nos quedamos de brazos cruzados. Nos organizamos en comisiones de mujeres, debatimos cómo hacer para acabar con este flagelo, denunciamos, luchamos y salimos a la calle sin ninguna confianza en los gobiernos patronales que garantizan este sistema de opresión y explotación. Por cada mujer asesinada, el odio a este sistema putrefacto se acrecienta y llamea más fuerte la necesidad de poner en pie un enorme movimiento de mujeres que acabe con tanto oprobio. A esa tarea y en memoria de estas mujeres, destinamos día y noche, todas nuestras fuerzas.






Con los casos de Liz Loyola y Nadia Oviedo ocurridos en los últimos dos meses, tenemos que contar 16 femicidios, de los que llegan a las páginas de los diarios en la provincia. 


16/11/2014. Nadia Oviedo. (33) Fue degollada por su ex pareja, Gustavo Arenas, en la localidad serrana de Icho Cruz. El femicidio ocurrió tras una discusión. Oponerse a lo que dice un hombre, contradecir su opinión; decidir sobre la propia vida contradiciendo el mandato patriarcal, es una vez más, motivo de muerte.    

19/10/2014. Liz Loyola (38) Su ex pareja, un empresario de apellido Álvarez, tomó su arma en pleno centro de Cosquín y efectuó dos disparos que impactaron en la cabeza y tórax de Liz. Luego, se suicidó y murió en el acto. Ella fue trasladada en estado crítico al Hospital Domingo Funes donde murió cuando era asistida por los médicos. La relación entre ambos había terminado hacía un tiempo. 


21/9/2014. Paola Acosta (36) Fue uno de los casos más resonantes de Córdoba. Conmocionó al país, junto con el asesinato de Melina Romero, en la provincia de Buenos Aires. Paola estuvo desaparecida durante 4 días. Recibió varias puñaladas y fue arrojada a una alcantarilla de desagüe junto a su pequeña hija Martina. La asesinó su ex pareja, padre biológico de Martina, quien se negaba a reconocer la paternidad y hacerse cargo de la manutención.  

16/9/2014Mirta Lorena Urquía (34) Murió después de agonizar por 2 heridas de arma blanca en el abdomen. El asesino fue su pareja. No había denuncia ni orden de restricción previas. 

25/8/1014. Leonor del Rosario Ahumada (74) murió a golpes. La Fiscal Mercedes Balestrini, detuvo al hijo, como autor del femicidio. Los medios no lo contabilizaron como tal, y usaron el término "matricidio" para referirse al hecho. Sin embargo, el hijo tenía orden de restricción por denuncias previas de violencia hacia ella.  

29/06/2014. Silvana Córdoba (42) murió de un golpe severo en la cabeza, en Juárez Celman. Encontraron su cuerpo tendido en la cama, rodeada de otras cuatro camas donde dormían sus hijos de entre 10 y 14 años. El homicida fue su pareja, quien se suicidó. El hombre ya había asesinado siete años antes a su anterior pareja, Elsa Cano. La Justicia, lo había liberado alegando que actuó bajo "emoción violenta" porque ella "lo provocó". 

21/06/2014. María del Carmen Leguizamón Zamora (41) fue asesinada de 17 puñaladas, en San José (cerca de Villa Dolores). Tenía cinco hijos. La pareja huyó y estuvo escondido en el monte casi un mes.

20/05/2014. Laura García (30) murió tras ser ahorcada, en Capilla de los Remedios. Por el hecho detuvieron a un hombre que tenía una relación sentimental con la chica. 

19/05/2014. María Medina (51) murió poco después de recibir al menos tres puñaladas en su casa de barrio Sol Naciente, en la ciudad de Córdoba, presuntamente a manos de su pareja, con quien tenía en común un hijo de seis años. 

16/05/2014. Irma Rosa Reynoso (56) murió baleada por su ex esposo, quien luego se quitó la vida. El homicidio fue en Villa Allende. 

17/03/2014. Karina Pérez (41) murió apuñalada en Jesús María. Por el hecho detuvieron a su expareja.

23/02/2014. Nilda Maricel Cantoni (41) muere tras recibir 20 puñaladas. Un joven habría entrado la habitación matrimonial de la víctima, le dio varias puñaladas al marido y luego a ella. El joven tenía una denuncia por abuso sexual a otra joven. El femicida conocía a Nilda, aunque se desconoce la precisión de la causa, este hecho de General Levalle, muestra también que ser mujer, es correr riesgo de vida. 

16/02/2014. Nadia Griselda Alba (29) murió apuñalada en barrio Alberdi de Río IV. Su pareja está acusado asesinarla. El hombre la habría esperado en la vereda frente a la casa a la madrugada, hubo una discusión que luego siguió en el interior de la vivienda, donde la mujer recibió heridas de arma blanca en distintas partes del cuerpo y golpes en la cabeza y el rostro. Dejó a dos hijos, de 5 y 7 años.

25/01/2014. Andrea Porta (35) la mató su pareja (un militar) y luego se suicidó. Sucedió en un departamento donde la mujer vivía con los hijos de ambos, de 9 y 11 años. El día anterior, la víctima había denunciado al hombre por intentar atropellarla con un auto. Sucedió en barrio Don Bosco de la ciudad de Córdoba.

15/01/2014. Marisa Elizabeth Bustos (26) estaba embarazada de 30 semanas. Muere luego de estar 20 días internada en el hospital luego de llegar con golpes en el cuerpo y en el rostro; según los médicos tenía costillas rotas aparentemente a causa de los golpes que su pareja le propició para que abortara. Su estado empeoró y falleció.



08/01/2014. Analía Brochero (46)  la asesinaron en el garaje de su casa de Río Segundo de un escopetazo, el principal sospechoso es un policía, su ex-esposo.

viernes, 24 de octubre de 2014

El mandato de las mujeres en Salta*

Año tras año, miles de mujeres nos damos cita en alguna provincia del país para debatir las problemáticas que nos afectan. Este año le tocó a Salta, a la cual las mujeres organizadas le dijimos clarito: “La linda es la que lucha”.
Más de 15 mil mujeres nos movilizamos para debatir acerca de aquello que nos aqueja y discutir cuáles son las estrategias para pelear contra los oprobios a los que nos vemos sometidas de forma cotidiana.
El repudio a la violencia contra las mujeres en todas sus formas y los femicidios estuvieron en el centro del debate, y se señaló a los gobiernos nacional y provinciales como responsables.
Salta aún llora a Evelia Murillo, asesinada por defender de un abuso a una joven wichi. Evelia era mujer y trabajadora, estaba entre aquellas que sufren no sólo la opresión sino también la explotación que significa ser una trabajadora docente con salario de hambre. Salta cuenta la triste cifra de 14 femicidios; Córdoba, 15.
Quienes viajamos desde esta provincia, alzamos alto el nombre de Paola Acosta, exigiendo justicia y denunciando a la par el rol patriarcal de dicha institución –donde pesa la “Academia del Plata”(ver: goo.gl/ug8QSo)– con sus prejuicios ancestrales que ponen siempre en duda la voz y vida de la víctima, mientras ampara a los femicidas. Y también viajamos con las “Madres de la Gorra” que luchan contra el gatillo fácil y exigen, como mujeres y madres, el cese de la impunidad ante causas cajoneadas.
Los Encuentros de Mujeres se realizan desde 1986 y siempre se han visto atravesados por los debates que surcan la escena nacional. Este año no fue la excepción. Los talleres se pronunciaron mayoritariamente por la legalización del aborto, rechazando la reaccionaria reforma del Código Civil que el kirchnerismo, con mayoría automática en el Congreso, había aprobado una semana antes y que puso una traba más para la conquista de este derecho.
La demanda urgente del aborto legal, seguro y gratuito, acompañada de la exigencia de una educación sexual laica para poder decidir (en Salta, la educación religiosa es materia obligatoria), y real acceso a los anticonceptivos para no abortar, se hizo escuchar en cada comisión, pues se entiende que es la única manera de defender la vida de las más de tres mil mujeres que murieron en la última década por las consecuencias de los abortos clandestinos y de las que lo seguirán haciendo, sobre todo mujeres trabajadoras y pobres, si además, como en Córdoba o Mendoza, tienen vedado el derecho al aborto no punible.
Pero este encuentro reabrió un debate que hace años las organizaciones de izquierda, como Pan y Rosas-PTS, venimos planteando: es imprescindible romper con la subordinación que nos impone una comisión organizadora que concilia con el Gobierno y la Iglesia, limando las aristas más críticas y revulsivas que tiene esta multitudinaria reunión de mujeres argentinas.
Es cada vez más evidente que quienes luchamos contra la violencia y por el derecho al aborto, si pretendemos quebrar la voluntad del Gobierno, la Iglesia y la mayoría de la oposición, necesitamos poner en pie un amplio y combativo movimiento de mujeres, organizado desde los centros de estudiantes, las comisiones de mujeres en lugares de trabajo y estudio, desde los sindicatos y organizaciones sociales, capaz de movilizar a decenas de miles, en las calles, por nuestras demandas.
*Esta columna fue publicada originalmente en La voz del interior. También puede leerse acá.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

El miedo del hombre





“Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos, tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.

Eduardo Galeano

Córdoba: los números funestos

En La izquierda diario publicamos hoy las cifras del horror. En este posteo, damos cuenta de las estadísticas que estremecen en nuestra provincia. Son 14 femicidios en lo que va del año. Dos crímenes a mujeres por el hecho de serlo, en la última semana. Córdoba, junto con la provincia de Salta, llevan la delantera en triste récord. 
Como hemos denunciado en un post anterior, ni siquiera hay datos oficiales. De allí que haya que rastrear en los medios, aquellos casos que salen a la luz. Redunda decir que hay decenas, cientos de casos ignotos que engrosan estas cifras funestas. 


21/9/2014. Paola Acosta (36) Es el caso más reciente en Córdoba. Conmocionó al país, junto con el asesinato de Melina Romero, en la provincia de Buenos Aires. Paola estuvo desaparecida durante 4 días. Recibió varias puñaladas y fue arrojada a una alcantarilla de desagüe junto a su pequeña hija Martina. La asesinó su ex pareja, padre biológico de Martina, quien se negaba a reconocer la paternidad y hacerse cargo de la manutención.  

16/9/2014Mirta Lorena Urquía (34) Murió después de agonizar por 2 heridas de arma blanca en el abdomen. El asesino fue su pareja. No había denuncia ni orden de restricción previas. 

25/8/1014. Leonor del Rosario Ahumada (74) murió a golpes. La Fiscal Mercedes Balestrini, detuvo al hijo, como autor del femicidio. Los medios no lo contabilizaron como tal, y usaron el término "matricidio" para referirse al hecho. Sin embargo, el hijo tenía orden de restricción por denuncias previas de violencia hacia ella.  

29/06/2014. Silvana Córdoba (42) murió de un golpe severo en la cabeza, en Juárez Celman. Encontraron su cuerpo tendido en la cama, rodeada de otras cuatro camas donde dormían sus hijos de entre 10 y 14 años. El homicida fue su pareja, quien se suicidó. El hombre ya había asesinado siete años antes a su anterior pareja, Elsa Cano. La Justicia, lo había liberado alegando que actuó bajo "emoción violenta" porque ella "lo provocó". 

21/06/2014. María del Carmen Leguizamón Zamora (41) fue asesinada de 17 puñaladas, en San José (cerca de Villa Dolores). Tenía cinco hijos. La pareja huyó y estuvo escondido en el monte casi un mes.

20/05/2014. Laura García (30) murió tras ser ahorcada, en Capilla de los Remedios. Por el hecho detuvieron a un hombre que tenía una relación sentimental con la chica. 

19/05/2014. María Medina (51) murió poco después de recibir al menos tres puñaladas en su casa de barrio Sol Naciente, en la ciudad de Córdoba, presuntamente a manos de su pareja, con quien tenía en común un hijo de seis años. 

16/05/2014. Irma Rosa Reynoso (56) murió baleada por su ex esposo, quien luego se quitó la vida. El homicidio fue en Villa Allende. 

17/03/2014. Karina Pérez (41) murió apuñalada en Jesús María. Por el hecho detuvieron a su expareja.

23/02/2014. Nilda Maricel Cantoni (41) muere tras recibir 20 puñaladas. Un joven habría entrado la habitación matrimonial de la víctima, le dio varias puñaladas al marido y luego a ella. El joven tenía una denuncia por abuso sexual a otra joven. El femicida conocía a Nilda, aunque se desconoce la precisión de la causa, este hecho de General Levalle, muestra también que ser mujer, es correr riesgo de vida. 

16/02/2014. Nadia Griselda Alba (29) murió apuñalada en barrio Alberdi de Río IV. Su pareja está acusado asesinarla. El hombre la habría esperado en la vereda frente a la casa a la madrugada, hubo una discusión que luego siguió en el interior de la vivienda, donde la mujer recibió heridas de arma blanca en distintas partes del cuerpo y golpes en la cabeza y el rostro. Dejó a dos hijos, de 5 y 7 años.

25/01/2014. Andrea Porta (35) la mató su pareja (un militar) y luego se suicidó. Sucedió en un departamento donde la mujer vivía con los hijos de ambos, de 9 y 11 años. El día anterior, la víctima había denunciado al hombre por intentar atropellarla con un auto. Sucedió en barrio Don Bosco de la ciudad de Córdoba.


15/01/2014. Marisa Elizabeth Bustos (26) estaba embarazada de 30 semanas. Muere luego de estar 20 días internada en el hospital luego de llegar con golpes en el cuerpo y en el rostro; según los médicos tenía costillas rotas aparentemente a causa de los golpes que su pareja le propició para que abortara. Su estado empeoró y falleció.


08/01/2014. Analía Brochero (46)  la asesinaron en el garaje de su casa de Río Segundo de un escopetazo, el principal sospechoso es un policía, su ex-esposo.













lunes, 22 de septiembre de 2014

Con ojos de espanto


en memoria de Paola



Este fin de semana fue otra vez doloroso para nosotras. Una joven atropellada por su novio hasta matarla, en Río Negro; una mujer y su nieto que fueron muertos a manos de un policía para dañar a su ex pareja. La semana inicia con la noticia de una nueva y joven víctima, esta vez en La Plata.

Estas son las muertes que trascienden, porque aún frente a tanta misoginia incontenida, el Estado no considera siquiera que sea necesario contar nuestras muertes. Ahí andamos, como si fuera poco y grato, contando los “casos” que saltan a los medios de comunicación. Así tampoco sabemos cuántas son las mujeres desaparecidas por las redes de trata (las suponemos 600...y más); cuántas más allá de las 300 que estimamos, que mueren por abortos clandestinos y cada año.

Somos, apenas, unas cuantas cifras calculadas por las organizaciones de mujeres, buscando con desvelo los modos para frenar esta violencia.

Este fin de semana por la incansable búsqueda de familiares y amigos, encontraban también, el cuerpo de Paola. Y otra vez, desde Córdoba, llegaba la conmoción. Entonces, ahí, los medios discutieron el cómo y el cuánto de la violencia machista.

Y desde estas páginas, una mira con ojos de espanto.
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miércoles, 20 de agosto de 2014

Sobre Chicas muertas*

"la Señora"

de Selva Almada, en 
Literatura Random House, 2014

El título anticipa la dimensión del flagelo que Selva Almada va a reconstruir en sus tramas íntimas. El genérico “chicas muertas” no es sólo la denominación en los expedientes consultados por la autora; da cuenta de que, sólo en Argentina, el asesinato de mujeres por el simple hecho de serlo, se materializa en cifras escalofriantes: una muerta cada 30 hs. en el último año; 1236, en los últimos 5. Serena, Nora, María Soledad, Wanda, María de los Ángeles, Paulina, María Luisa, Andrea, Sara… o Selva. “Tengo cuarenta años y a diferencia de ella y de las miles de mujeres asesinadas en nuestro país desde entonces, sigo viva. Sólo una cuestión de suerte”.
Esta obra no ficcional de la ya consagrada autora entrerriana, se basa en el relato de una investigación hecha por ella misma, sobre tres casos de jóvenes asesinadas en los años ’80, aún impunes. Andrea Danne, “Sarita” Mundín y María Luisa Quevedo son las “chicas muertas” cuya historia presenta Almada. La primera, entrerriana como ella, asesinada de una puñalada en el corazón mientras dormía. Una joven cordobesa y pobre, Sara, atrapada en las mafias de los prostíbulos que desapareció en 1988. Y la tercera, una chaqueña de 15 años, violada y estrangulada, a poco de conseguir su primer trabajo como empleada doméstica.
Al mismo tiempo, la autora va a colocarse, como mujer, en el centro de la trama y ocupando un lugar que lejos está de pretenderse neutral u objetivo.  Así, el relato se configura desde la propia experiencia que -como la frase citada- da cuenta de una marca: ella, una joven de un pueblo de interior, es testigo epocal del asesinato de Andrea Danne y si hoy puede contarlo, es casi por simple azar. Este ida y vuelta entre la historia personal y la de las muchachas, articula el texto, a la par de la propia historia de esta investigación infructuosa. De allí sabemos que la autora “habla” porque el caso de Andrea estuvo siempre cerca y “volvía cada tanto con la noticia de otra mujer muerta”. Dar con el derrotero de las otras dos chicas, en cambio, será casual o deliberado. A María Luisa, la encontrará recordada en un diario chaqueño a 25 años de su asesinato; a Sara Mundín, la buscará como otro botón de muestra de una situación generalizada, cuando aún en la Argentina, “desconocíamos el término femicidio”.
La tensión siempre latente entre lo real y lo literario, característico del género al que diera origen Rodolfo Walsh, sustenta este trabajo que se perfila como uno de los mayores aportes al género de no-ficción en los últimos tiempos. De este modo, Almada cuenta la historia de estas mujeres, (que podría ser la historia de todas, de muchas de nosotras) intercalada con anécdotas recogidas durante su infancia, juventud e inclusive, en el presente de la escritura, cuando la investigación estaba desarrollándose. Mientras cuenta cómo era la vida de estas jóvenes y cómo fue su muerte, se despliega su propia historia. El texto está inundado de relatos, recuerdos y anécdotas narrados en primera persona, que bien podrían constituir un repertorio de experiencias “femeninas”: la de jóvenes hijas de trabajadores que van a estudiar a otra ciudad y hacen “dedo” para viajar barato, quedando expuestas al acoso de los conductores; la de mujeres sometidas al maltrato verbal de sus parejas en la calle y a la vista de todo el mundo; la de una madre amenazada por el marido con el amague de un cachetazo y la respuesta brava de la mujer, clavándole un tenedor en la mano. “Mi padre nunca más se hizo el guapo”, sentencia Almada, para luego agregar: “No recuerdo ninguna charla puntual sobre la violencia de género ni que mi madre me haya advertido alguna vez específicamente sobre el tema. Pero el tema siempre estaba presente.” Lo estaba en los comentarios familiares sobre vecinas que se suicidan porque el marido le pega; sobre esposas de carniceros violadas no por un desconocido, sino por propio marido (ante una sorprendida Selva de 12 años); o sobre un “Cachito” que “sacudía las siestas con los escándalos que le hacía a su novia”. Son éstas las escenas que “convivían con otras más pequeñas: la mamá de mi amiga, que no se maquillaba porque su papá no la dejaba. La compañera de trabajo de mi madre, que todos los meses le entregaba su sueldo completo al esposo para que se lo administrara (…) La que tenía prohibido usar zapatos de taco porque eso era de puta.”
Se devela entonces, lo que intuimos como tesis central de un trabajo que se solapa con el ensayo: el femicidio es el último eslabón de una cadena de violencia cotidiana, ejercida sobre las mujeres. Ésta se asienta sobre los prejuicios que laten en las anécdotas contadas.  Imágenes que se vuelven potentes a la hora de plasmar la denuncia sobre una sociedad patriarcal que se perpetúa bajo este sistema y hasta nuestros días. La mención de los casos de Paulina Lebbos, Nora Dalmaso, Ángeles Rawson, por citar los más resonantes de los últimos tiempos están allí, en el recuento de Almada, para dar cuenta de la realidad de las mujeres en pleno siglo XXI, tres décadas después de los hechos investigados, y a pesar de que el término femicidio tenga plena vigencia.
El testimonio y la investigación no alcanzan a la autora para “hacer justicia” frente a la impunidad que sobrevive a las “chicas muertas”. Sin embargo, se niega a callarse frente a la violencia machista y su naturalización. El bello y terrible fragmento del poema de Susana Thénon que abre la obra, daría cuenta de esa necesidad:
“esa mujer ¿por qué grita?
andá a saber
mirá que flores bonitas
¿por qué grita?
jacintos     margaritas
¿por qué?
¿por qué qué?
¿por qué grita esa mujer?”

Pero no es allí donde enmudece Almada. También esboza una crítica a las instituciones sociales cómplices de sostener tanta violencia e impunidad. Sarita Mundín, una adolescente iniciada en la prostitución, será “rescatada” por Olivera, cliente devenido amante y protector, principal sospechoso de su desaparición. Así, mientras narra, dispara: “De yirar en la ruta, pasó a tener una cartera de clientes del Comité Radical. Ella y su amiga Miriam García eran militantes del partido, dos muchachas jóvenes y lindas que enseguida llamaron la atención de los señores mayores, de buena posición social y doble discurso”. La crítica estará dirigida también, hacia una justicia que actúa con letargo como en el caso de María Luisa; mientras asoma, en algunas oportunidades, lo que pareciera ser una visión de clase: Suárez, el joven con quien ven a María Luisa por última vez, y su patrón, son sospechados del asesinato a pesar de que los testigos, curiosamente, cambien sus declaraciones contra el influyente patrón de pueblo.
Mención aparte merece el personaje de una tarotista que guía a Selva Almada en este descenso a los infiernos, viendo lo que ella no puede ver sobre estas chicas muertas. En ese trayecto que Almada desanda buscando las pistas sobre las muertes, será guiada como Dante por Virgilio, por “la Señora”. Ella será sus ojos y sentirá lo que sintieron esas chicas antes de ser asesinadas. Es “la Señora” quien nos acerca a los miedos de esas niñas, a los miedos de la narradora, a los miedos propios. Y son estos miedos, recuerdo permanente de un oprobio milenario, los que alimentarán el odio, que transformado en fuerza y voluntad de combate servirá para que estas historias de “chicas muertas”, no hayan sido contadas en vano.



* Esta reseña fue publicada en el nº 11 del mes de julio, en la revista Ideas de Izquierda

domingo, 10 de agosto de 2014

"La gota que horada la vida de las mujeres"


Mientras hacíamos la entrevista con Celeste Murillo, gentileza de F. Lendoiro

En este número de Ideas de Izquierda, entrevistamos a Selva Almada, autora de Chicas muertas, un excelente relato de no ficción que ya reseñamos en otro número, reflexionando sobre el femicidio y la literatura, así como sobre la "Nueva Narrativa Argentina". A buscarla esta semana que ya está en la calle.

lunes, 21 de julio de 2014

Algunas reflexiones frente al aumento de los femicidios



'Ofelia' de John Everett Millais




Mientras los obreros y las obreras de LEAR, en la provincia de Buenos Aires, dan una pelea tremenda contra la patronal buitre; hacemos una reflexión sobre otra de las miserias impuestas por un sistema hecho a medida de los explotadores. 

Y es que esa voracidad empresaria que hoy podría cifrarse en que los obreros y obreras de LEAR, cuya vida fue dejada en las fábricas por más de 27 años (como cuentan las trabajadoras acá), sólo se convierte en el número de despedidos que la patronal negocia con la burocracia traidora sacarse de encima. Esta es apenas una de las formas en que hombres y mujeres somos convertidos diariamente en una mercancía, nuestros cuerpos, nuestros músculos y nervios son objeto que se compra y vende, se posee, se descarta, se desecha cuando ya no es útil o no se somete a la voluntad de quien domina.

Si no cabe duda que así es, en general, a las mujeres nos toca la peor parte. Día a día, tenemos que enfrentarnos con las más diversas formas de violencia por el sólo hecho de ser mujeres, sometidas a que las patronales nos consideren trabajadores de segunda, pagándonos menores salarios por el mismo trabajo que hacen nuestros compañeros varones; teniendo que aceptar despidos que ningún sindicalista, ni siquiera el más traidor, reconoce como tal, porque ni siquiera existimos entre los números del trabajo registrado, sino para engrosar los números del empleo en negro, que aún bajo toda la "década ganada" se sostiene arriba del 60% para las mujeres. Es esa violencia que sentimos cuando hay que trabajar doble o triple jornada bajo el agotamiento embrutecedor, haciendo doble turno como las docentes y las enfermeras o médicas, porque el sueldo no nos alcanza para cubrir las necesidades más elementales. Es la violencia de haber recibido en el hospital a una chica casi muerta por las consecuencias de un aborto clandestino y enterarnos de que a la compañerita de escuela de nuestra hija, la buscan desesperadamente porque sospechan que cayó bajo las mafias de las redes de trata que regentea la policía en complicidad con jueces y funcionarios. Y es la violencia, de que luego de una jornada como ésta, al volver a casa, nos encontremos con las ganas de que la mesa esté servida y la ropa de toda la familia lista para salir temprano al día siguiente. Pero como si eso fuera todavía poco, en la TV que se levanta en como en un altar, al lado de la mesa, aparece un Tinelli que insatisfecho con haber lucrado durante más de una década volviendo un clarísimo objeto del deseo ajeno el cuerpo de las mujeres y mostrarlas como seres vacuos, ahora se atreve a expresarlo con la contundencia de la afirmación que hay detrás de todo "chiste" (de mal gusto) y lanza "al aire" que a las mujeres “nos gusta” que nos peguen.

Pero, toda esta introducción, ¿a qué se debe? A que toda esa cadena de violencia sufrida a diario por las mujeres, cada vez -con mayor periodicidad- culmina en la noticia de una mujer más asesinada por el hecho de serlo: "fue apuñalada 11 veces"; "fue violada y ahorcada"; "recibió un masazo en la cabeza"; "apareció en una terminal procesadora de residuos"; "estaba en un pozo en el patio de la casa"; "las encontraron en un descampado, eran extranjeras"... 

Los datos de la investigación de la Casa del Encuentro, le dan precisión a estos titulares: en 2013 del total de casos, 83 tuvieron a víctimas baleadas, 64 apuñaladas, 37 golpeadas, 28 estranguladas, 17 incineradas, 13 degolladas, 9 ahorcadas, 3 ahogadas, 6 descuartizadas, 3 empaladas y 19 bajo circunstancias desconocidas. Esas muertes de mujeres, ocurren cada 30 hs y en la mayoría de los casos, quienes las ejecutan, son su pareja o expareja. Las cifras aumentan año a año y el 2014 indica que las víctimas fatales de violencia machista aumentaron en un 16% con respecto al año anterior. Si en marzo, según los datos publicados acá, teníamos que contar 1236 mujeres asesinadas, sólo contando algunos casos de los más resonantes, hoy tenemos que sumar 3 dígitos a la fatídica cifra: Serena Rodríguez, de 15 años fue asesinada en asesinada de 49 puñaladas en Moreno, provincia de Bs As; Silvana Córdoba, muerta de un brutal golpe perpetrado por su pareja (quien ya había asesinado antes a su anterior compañera, Elsa Cano). En estos días, la TV nos mostraba la imagen de otra joven, una estudiante chilena que estaba de intercambio en el país, asesinada en Almagro: ella se llamaba Nicole y tenía 21 años.

Solamente en Córdoba, los femicidios, en lo que va del año, ascienden a 9. Salta, en el mismo período, iguala la funesta cifra de nuestra provincia, cuando aún hoy se sostienen movilizaciones por el caso de las jóvenes turistas francesas, de dudosa resolución para organizaciones de mujeres en la provincia. En Tunuyán, Mendoza, Claudia Vera, estudiante de un terciario, podría haber sido una nueva víctima, puesto que la relación opresiva que vivía con su pareja, iba seguramente hacia ahí; la opción desesperada de salir de esa situación nos lleva a exigir hoy su libertad y absolución. Nuestro compañero, el Diputado Nacional, Nicolás del Caño, estuvo en Tucumán, hace unas semanas, denunciando junto a los familiares y otras organizaciones, el entramado mafioso de la policía, la justicia y el gobierno, que se teje tras el asesinato de Paulina Lebbos, otra de las tristemente célebres víctimas de femicidio.

Hace algunos días, un hombre metía a su bebé de un año y medio dentro de un lavarropas, luego de golpear a su mujer y madre de la niña… ¿podemos seguir contando estos casos de violencia como las “víctimas colaterales” de la violencia de género? Los 4 hijos de Silvana Córdoba y los 4 hijos de Elsa Cano, huérfanos tras el asesinato de sus madres ¿van a ser, simplemente, parte de esas cifras estadísticas que no paran de aumentar?

Frente a un sentido común impuesto durante la década kirchnerista que indica que las “mujeres estamos mejor”, no sólo debemos responderle con las más de 3000 muertas por abortos clandestinos, las más de 600 desaparecidas por las redes de trata, y las estadísticas de millones de trabajadoras en las condiciones más precarias: los números de femicidios son la inefable muestra de que poco ha cambiado para las miles y miles de mujeres en el país.

Que una área sensible y permeable, muchas veces a las problemáticas sociales más acuciantes, como es la literatura, esté dando cuenta de esto, no es un dato para desdeñar. En el último número de la revista, Ideas de Izquierda, reseñamos - junto a CelesteMurillo - dos textos que toman casos de femicidio desde la ficción y la no ficción: Las extranjeras de Sergio Olguín y Chicas muertas de la entrerriana Selva Almada. A principios de este año, se publicó Ángeles. Jóvenes víctimas de la violencia que aborda, desde el relato periodístico, distintos casos entre los cuales se cuentan el de María de los Ángeles Rawson, Candela Sol Rodríguez y aún, retrocediendo un poco en el tiempo, María Soledad Morales. Por otro lado, encontramos la iniciativa surgida en Chile y extiéndose por distintos países de Latinoamérica, que recopila narraciones de no más de 150 palabras y se titula Basta. Cien mujeres contra la violencia de género. Una botón más de muestra. Finalmente, podríamos considerar, entre muchos otros, las novelas de Gabriela Cabezón Cámara, organizadas en la trilogía que comienza con La virgen cabeza y concluye con Romance de la Negra Rubia, desde las cuales se aborda, aunque con ángulos diversos, la problemática de la violencia machista. Estos materiales, más allá del valor escritural y del gusto de los y las lectoras, ponen en palabras lo que desde hace un tiempo salta sin mesura a las pantallas de TV y las redacciones de los diarios. En la mayoría de los casos, como parte de la trama aparecen las instituciones estatales a las que podemos sindicar responsables o cómplices, por acción u omisión, de los crímenes: la policía, la justicia, los altos funcionarios políticos, las familias de empresarios locales. 

Y es tal la alevosía y la magnitud del flagelo que hasta los propios medios de comunicación -siempre bien dispuestos al morbo- y los partidos políticos patronales como el PRO o el PJ de De la Sota (que no dudan en sostener estrechas relaciones con la Iglesia -una de las principales instituciones que se opone a derechos elementales de las mujeres como el aborto), se escandalizan y hacen demagogia proponiendo declarar de “interés social” un libro que hace el raconto de las víctimas de femicidio o resolver la violencia machista con "botones antipánico".

Como expresión del hartazgo que sentimos frente a tanta violencia sufrida a diario, es que leemos la importantísima repercusión que repercusión que tuvieron en las redes sociales y algunos medios, éste post y éste, de compañeras de la agrupación de mujeres Pan y Rosas que discuten contra un sentido común impuesto respecto a los que somos o debemos ser las mujeres.

Quienes peleamos constantemente por los derechos de las mujeres y contra toda forma de opresión y violencia, no podemos quedarnos de brazos cruzados ante tantas muertes. Tenemos que recuperar las instancias de coordinación, como aquella que supimos levantar con Soledad Cuello, contra las redes de trata y la aparición con vida de Yamila, otra víctima, desaparecida, de la violencia sistemática que sostiene la misma policía que desoye las denuncias de las mujeres maltratadas.


Quizás es momento, a la par que seguimos luchando por el derecho al aborto contra un gobierno que, en su Santa Alianza con el Vaticano, nos sigue negando el derecho a decidir, de levantar una campaña a nivel nacional que denuncie todas las formas de violencia que sufrimos las mujeres, que se plante firmemente contra los femicidios impulsando un movimiento de mujeres que empiece por organizarnos en decenas de Comisiones de mujeres en escuelas, facultades, fábricas y lugares de trabajo, para luchar por todos nuestros derechos de manera independiente al gobierno nacional y a cualquier variante de la oposición, en la perspectiva de acabar con este sistema que garantiza la sumisión de las mujeres para exprimir doblemente nuestras fuerzas. La pelea contra este sistema opresor, está íntimamente ligado a la tarea de luchar contra la explotación y todas las miserias que quiere imponernos la clase capitalista; y está junto a la clase obrera que hoy libra una importante batalla en LEAR.