lunes, 21 de julio de 2014

Algunas reflexiones frente al aumento de los femicidios



'Ofelia' de John Everett Millais




Mientras los obreros y las obreras de LEAR, en la provincia de Buenos Aires, dan una pelea tremenda contra la patronal buitre; hacemos una reflexión sobre otra de las miserias impuestas por un sistema hecho a medida de los explotadores. 

Y es que esa voracidad empresaria que hoy podría cifrarse en que los obreros y obreras de LEAR, cuya vida fue dejada en las fábricas por más de 27 años (como cuentan las trabajadoras acá), sólo se convierte en el número de despedidos que la patronal negocia con la burocracia traidora sacarse de encima. Esta es apenas una de las formas en que hombres y mujeres somos convertidos diariamente en una mercancía, nuestros cuerpos, nuestros músculos y nervios son objeto que se compra y vende, se posee, se descarta, se desecha cuando ya no es útil o no se somete a la voluntad de quien domina.

Si no cabe duda que así es, en general, a las mujeres nos toca la peor parte. Día a día, tenemos que enfrentarnos con las más diversas formas de violencia por el sólo hecho de ser mujeres, sometidas a que las patronales nos consideren trabajadores de segunda, pagándonos menores salarios por el mismo trabajo que hacen nuestros compañeros varones; teniendo que aceptar despidos que ningún sindicalista, ni siquiera el más traidor, reconoce como tal, porque ni siquiera existimos entre los números del trabajo registrado, sino para engrosar los números del empleo en negro, que aún bajo toda la "década ganada" se sostiene arriba del 60% para las mujeres. Es esa violencia que sentimos cuando hay que trabajar doble o triple jornada bajo el agotamiento embrutecedor, haciendo doble turno como las docentes y las enfermeras o médicas, porque el sueldo no nos alcanza para cubrir las necesidades más elementales. Es la violencia de haber recibido en el hospital a una chica casi muerta por las consecuencias de un aborto clandestino y enterarnos de que a la compañerita de escuela de nuestra hija, la buscan desesperadamente porque sospechan que cayó bajo las mafias de las redes de trata que regentea la policía en complicidad con jueces y funcionarios. Y es la violencia, de que luego de una jornada como ésta, al volver a casa, nos encontremos con las ganas de que la mesa esté servida y la ropa de toda la familia lista para salir temprano al día siguiente. Pero como si eso fuera todavía poco, en la TV que se levanta en como en un altar, al lado de la mesa, aparece un Tinelli que insatisfecho con haber lucrado durante más de una década volviendo un clarísimo objeto del deseo ajeno el cuerpo de las mujeres y mostrarlas como seres vacuos, ahora se atreve a expresarlo con la contundencia de la afirmación que hay detrás de todo "chiste" (de mal gusto) y lanza "al aire" que a las mujeres “nos gusta” que nos peguen.

Pero, toda esta introducción, ¿a qué se debe? A que toda esa cadena de violencia sufrida a diario por las mujeres, cada vez -con mayor periodicidad- culmina en la noticia de una mujer más asesinada por el hecho de serlo: "fue apuñalada 11 veces"; "fue violada y ahorcada"; "recibió un masazo en la cabeza"; "apareció en una terminal procesadora de residuos"; "estaba en un pozo en el patio de la casa"; "las encontraron en un descampado, eran extranjeras"... 

Los datos de la investigación de la Casa del Encuentro, le dan precisión a estos titulares: en 2013 del total de casos, 83 tuvieron a víctimas baleadas, 64 apuñaladas, 37 golpeadas, 28 estranguladas, 17 incineradas, 13 degolladas, 9 ahorcadas, 3 ahogadas, 6 descuartizadas, 3 empaladas y 19 bajo circunstancias desconocidas. Esas muertes de mujeres, ocurren cada 30 hs y en la mayoría de los casos, quienes las ejecutan, son su pareja o expareja. Las cifras aumentan año a año y el 2014 indica que las víctimas fatales de violencia machista aumentaron en un 16% con respecto al año anterior. Si en marzo, según los datos publicados acá, teníamos que contar 1236 mujeres asesinadas, sólo contando algunos casos de los más resonantes, hoy tenemos que sumar 3 dígitos a la fatídica cifra: Serena Rodríguez, de 15 años fue asesinada en asesinada de 49 puñaladas en Moreno, provincia de Bs As; Silvana Córdoba, muerta de un brutal golpe perpetrado por su pareja (quien ya había asesinado antes a su anterior compañera, Elsa Cano). En estos días, la TV nos mostraba la imagen de otra joven, una estudiante chilena que estaba de intercambio en el país, asesinada en Almagro: ella se llamaba Nicole y tenía 21 años.

Solamente en Córdoba, los femicidios, en lo que va del año, ascienden a 9. Salta, en el mismo período, iguala la funesta cifra de nuestra provincia, cuando aún hoy se sostienen movilizaciones por el caso de las jóvenes turistas francesas, de dudosa resolución para organizaciones de mujeres en la provincia. En Tunuyán, Mendoza, Claudia Vera, estudiante de un terciario, podría haber sido una nueva víctima, puesto que la relación opresiva que vivía con su pareja, iba seguramente hacia ahí; la opción desesperada de salir de esa situación nos lleva a exigir hoy su libertad y absolución. Nuestro compañero, el Diputado Nacional, Nicolás del Caño, estuvo en Tucumán, hace unas semanas, denunciando junto a los familiares y otras organizaciones, el entramado mafioso de la policía, la justicia y el gobierno, que se teje tras el asesinato de Paulina Lebbos, otra de las tristemente célebres víctimas de femicidio.

Hace algunos días, un hombre metía a su bebé de un año y medio dentro de un lavarropas, luego de golpear a su mujer y madre de la niña… ¿podemos seguir contando estos casos de violencia como las “víctimas colaterales” de la violencia de género? Los 4 hijos de Silvana Córdoba y los 4 hijos de Elsa Cano, huérfanos tras el asesinato de sus madres ¿van a ser, simplemente, parte de esas cifras estadísticas que no paran de aumentar?

Frente a un sentido común impuesto durante la década kirchnerista que indica que las “mujeres estamos mejor”, no sólo debemos responderle con las más de 3000 muertas por abortos clandestinos, las más de 600 desaparecidas por las redes de trata, y las estadísticas de millones de trabajadoras en las condiciones más precarias: los números de femicidios son la inefable muestra de que poco ha cambiado para las miles y miles de mujeres en el país.

Que una área sensible y permeable, muchas veces a las problemáticas sociales más acuciantes, como es la literatura, esté dando cuenta de esto, no es un dato para desdeñar. En el último número de la revista, Ideas de Izquierda, reseñamos - junto a CelesteMurillo - dos textos que toman casos de femicidio desde la ficción y la no ficción: Las extranjeras de Sergio Olguín y Chicas muertas de la entrerriana Selva Almada. A principios de este año, se publicó Ángeles. Jóvenes víctimas de la violencia que aborda, desde el relato periodístico, distintos casos entre los cuales se cuentan el de María de los Ángeles Rawson, Candela Sol Rodríguez y aún, retrocediendo un poco en el tiempo, María Soledad Morales. Por otro lado, encontramos la iniciativa surgida en Chile y extiéndose por distintos países de Latinoamérica, que recopila narraciones de no más de 150 palabras y se titula Basta. Cien mujeres contra la violencia de género. Una botón más de muestra. Finalmente, podríamos considerar, entre muchos otros, las novelas de Gabriela Cabezón Cámara, organizadas en la trilogía que comienza con La virgen cabeza y concluye con Romance de la Negra Rubia, desde las cuales se aborda, aunque con ángulos diversos, la problemática de la violencia machista. Estos materiales, más allá del valor escritural y del gusto de los y las lectoras, ponen en palabras lo que desde hace un tiempo salta sin mesura a las pantallas de TV y las redacciones de los diarios. En la mayoría de los casos, como parte de la trama aparecen las instituciones estatales a las que podemos sindicar responsables o cómplices, por acción u omisión, de los crímenes: la policía, la justicia, los altos funcionarios políticos, las familias de empresarios locales. 

Y es tal la alevosía y la magnitud del flagelo que hasta los propios medios de comunicación -siempre bien dispuestos al morbo- y los partidos políticos patronales como el PRO o el PJ de De la Sota (que no dudan en sostener estrechas relaciones con la Iglesia -una de las principales instituciones que se opone a derechos elementales de las mujeres como el aborto), se escandalizan y hacen demagogia proponiendo declarar de “interés social” un libro que hace el raconto de las víctimas de femicidio o resolver la violencia machista con "botones antipánico".

Como expresión del hartazgo que sentimos frente a tanta violencia sufrida a diario, es que leemos la importantísima repercusión que repercusión que tuvieron en las redes sociales y algunos medios, éste post y éste, de compañeras de la agrupación de mujeres Pan y Rosas que discuten contra un sentido común impuesto respecto a los que somos o debemos ser las mujeres.

Quienes peleamos constantemente por los derechos de las mujeres y contra toda forma de opresión y violencia, no podemos quedarnos de brazos cruzados ante tantas muertes. Tenemos que recuperar las instancias de coordinación, como aquella que supimos levantar con Soledad Cuello, contra las redes de trata y la aparición con vida de Yamila, otra víctima, desaparecida, de la violencia sistemática que sostiene la misma policía que desoye las denuncias de las mujeres maltratadas.


Quizás es momento, a la par que seguimos luchando por el derecho al aborto contra un gobierno que, en su Santa Alianza con el Vaticano, nos sigue negando el derecho a decidir, de levantar una campaña a nivel nacional que denuncie todas las formas de violencia que sufrimos las mujeres, que se plante firmemente contra los femicidios impulsando un movimiento de mujeres que empiece por organizarnos en decenas de Comisiones de mujeres en escuelas, facultades, fábricas y lugares de trabajo, para luchar por todos nuestros derechos de manera independiente al gobierno nacional y a cualquier variante de la oposición, en la perspectiva de acabar con este sistema que garantiza la sumisión de las mujeres para exprimir doblemente nuestras fuerzas. La pelea contra este sistema opresor, está íntimamente ligado a la tarea de luchar contra la explotación y todas las miserias que quiere imponernos la clase capitalista; y está junto a la clase obrera que hoy libra una importante batalla en LEAR.

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