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domingo, 7 de junio de 2015

Cuando decimos: “Ni una menos”*

Las mujeres no buscamos que nos maten por celos, según -indican fallos judiciales –como los de Horacio Piombo y otros jueces retrógrados– o como señalan las millones de denuncias desatendidas por la Policía.



Todo parece comenzar con un hashtag que explota en las redes sociales. Se pliegan personalidades de la cultura, del periodismo, del deporte, de los más diversos ámbitos sociales. Y tras el “éxito” de la consigna, vienen las adhesiones de la farándula y la política tradicional, que no pueden permitirse, en plena campaña electoral, quedar fuera del fenómeno.
#NiUnaMenos surge de un grupo de periodistas, escritores y artistas realmente preocupados por la violencia contra las mujeres.
#NiUnaMenos se hace eco de lo que muchas organizaciones de mujeres y derechos humanos, como Pan y Rosas (con 12 años de existencia) o la Casa del Encuentro 
(el observatorio de femicidios que releva los casos), venimos denunciando: no hay crímenes pasionales; las mujeres no provocamos nuestra propia muerte porque decidimos separarnos, hastiadas de la violencia en la pareja.
Las mujeres no buscamos que nos maten por celos, según indican fallos judiciales –como los de Horacio Piombo y otros jueces retrógrados– o como señalan las millones de denuncias desatendidas por la Policía.
Los homicidios de mujeres se basan en prejuicios ancestrales que nos conciben como propiedad de otros, que marcan nuestros cuerpos para estar a disposición del goce de otros, que señalan que nuestras vidas están para servir a otros en todos los órdenes de la vida (sean hombres, niños, ancianos).
Esos crímenes son el último eslabón de una cadena de violencia cotidiana que se ejerce en los múltiples ámbitos de una sociedad capitalista y patriarcal.
Esos prejuicios actúan de manera tal que cada vez que una mujer es asesinada, todas las otras somos llamadas al orden porque, ¡ojo!, podemos ser la próxima. Una muerta cada 30 horas nos marca que puede ser nuestra hermana, madre, cuñada, compañera de trabajo o de estudio. Que podemos ser nosotras mismas.
Esos prejuicios son sostenidos por los medios de comunicación 
que nos muestran como objetos de consumo y de marketing. Por una Iglesia hipócrita, que nos habla 
de vida mientras hace lobby para que una de nosotras –también cada 30 horas– muera por las consecuencias del aborto clandestino.
“Defender la vida”, dicen, mientras desde el Vaticano condenan la homosexualidad y la conquista del matrimonio igualitario es tildada como “derrota de la humanidad”. “Defender la vida”, ¿mientras nuestras compañeras trans no superan los 35 años de vida por estar en su mayoría arrojadas a la miseria y la prostitución?.
#Niunamenos es también alzar la voz por nuestras compañeras asesinadas a golpes por la Policía transfóbica.
Sobre estos prejuicios, el propio Estado y las patronales, con la concurrencia de los sindicalistas traidores, nos relegan a ser el último orejón del tarro –junto a jóvenes e inmigrantes– en el mundo del trabajo. ¿Cómo poder emanciparnos económicamente si la mitad de nosotras, en la Argentina, trabaja precarizada y en negro?
Nuestras muertas
Decimos #NiUnaMenos no como discurso de ocasión ni por la foto publicitaria, ni con la hipocresía de los verdaderos responsables de que esta violencia se perpetúe día a día. Lo decimos con odio, porque es una de nosotras la que se va.
Como trabajadora de la educación, no acepto la foto cínica de los 24 ministros que se “comprometen”, en 2015, a que se apliquen los contenidos curriculares “mínimos” de una Ley de Educación Sexual Integral sancionada en 2006, que poco se ejecuta, obstaculizada por la Iglesia Católica. Porque son nuestras estudiantes las que tapan sus golpes con maquillaje, las que se mueren por abortos mal practicados, las que serán secuestradas por las redes de trata.
Cuando decimos #NiUnaMenos, es porque somos nosotras las que contamos a nuestras muertas, porque no hay estadísticas oficiales a nivel nacional ni provincial. Y lo estamos diciendo con la bronca que lanzará a los y las miles que nos movilizaremos mañana, 3 de junio, para exigir que se declare la emergencia en violencia de género en todo el territorio nacional.
Y nos estamos organizando para exigir que se destine presupuesto urgente para refugios que alberguen a las víctimas y a sus hijos. Refugios que pueden ponerse ya en funcionamiento, expropiando todas las viviendas ociosas, los complejos de departamentos que inundan las ciudades como expresión creciente de la especulación inmobiliaria. Los necesitamos ya, para que sean coordinados por las propias mujeres, organismos de derechos humanos, organizaciones realmente interesadas en defender nuestros derechos.
Exigimos, además, que todas las trabajadoras estén en blanco y tengan garantizado el acceso a la salud. Para las mujeres desocupadas, demandamos subsidios equivalentes a la canasta básica familiar.
El dinero debe salir de impuestos progresivos a las grandes fortunas y mediante la constitución de un fondo especial surgido de las dietas de todos esos funcionarios y políticos a los que vimos sacándose fotos con el cartelito de #NiUnaMenos. Que cobren como una maestra, como lo hacemos los diputados del Frente de Izquierda.
Es necesario empezar a desterrar de manera urgente los prejuicios machistas; hay que poner a toda la comunidad educativa, docentes, estudiantes, padres y madres, abuelos, a discutir de manera masiva e inmediata los fundamentos culturales e ideológicos de la violencia de género. Sin confiar en los hipócritas de toda laya que sostienen este sistema patriarcal, nuestra fortaleza estará en organizarnos desde ahora contra los opresores y explotadores de ayer y de hoy.

*Columna de opinión aparecida el martes 2 de junio en La voz del interior 

lunes, 17 de noviembre de 2014

Triste actualización de los números funestos

Hace un tiempo publicábamos en este blog las cifras de femicidios que hay que contabilizar en Córdoba. Hoy se cumplen dos meses del asesinato de Paola Acosta. Lamentablemente, esa cuenta se actualiza mes a mes, con nuevas víctimas. Algunas estadísticas indican que la frecuencia de los asesinatos se agudiza, y una mujer muere cada 24 hs. 
Sin embargo, nosotras no nos quedamos de brazos cruzados. Nos organizamos en comisiones de mujeres, debatimos cómo hacer para acabar con este flagelo, denunciamos, luchamos y salimos a la calle sin ninguna confianza en los gobiernos patronales que garantizan este sistema de opresión y explotación. Por cada mujer asesinada, el odio a este sistema putrefacto se acrecienta y llamea más fuerte la necesidad de poner en pie un enorme movimiento de mujeres que acabe con tanto oprobio. A esa tarea y en memoria de estas mujeres, destinamos día y noche, todas nuestras fuerzas.






Con los casos de Liz Loyola y Nadia Oviedo ocurridos en los últimos dos meses, tenemos que contar 16 femicidios, de los que llegan a las páginas de los diarios en la provincia. 


16/11/2014. Nadia Oviedo. (33) Fue degollada por su ex pareja, Gustavo Arenas, en la localidad serrana de Icho Cruz. El femicidio ocurrió tras una discusión. Oponerse a lo que dice un hombre, contradecir su opinión; decidir sobre la propia vida contradiciendo el mandato patriarcal, es una vez más, motivo de muerte.    

19/10/2014. Liz Loyola (38) Su ex pareja, un empresario de apellido Álvarez, tomó su arma en pleno centro de Cosquín y efectuó dos disparos que impactaron en la cabeza y tórax de Liz. Luego, se suicidó y murió en el acto. Ella fue trasladada en estado crítico al Hospital Domingo Funes donde murió cuando era asistida por los médicos. La relación entre ambos había terminado hacía un tiempo. 


21/9/2014. Paola Acosta (36) Fue uno de los casos más resonantes de Córdoba. Conmocionó al país, junto con el asesinato de Melina Romero, en la provincia de Buenos Aires. Paola estuvo desaparecida durante 4 días. Recibió varias puñaladas y fue arrojada a una alcantarilla de desagüe junto a su pequeña hija Martina. La asesinó su ex pareja, padre biológico de Martina, quien se negaba a reconocer la paternidad y hacerse cargo de la manutención.  

16/9/2014Mirta Lorena Urquía (34) Murió después de agonizar por 2 heridas de arma blanca en el abdomen. El asesino fue su pareja. No había denuncia ni orden de restricción previas. 

25/8/1014. Leonor del Rosario Ahumada (74) murió a golpes. La Fiscal Mercedes Balestrini, detuvo al hijo, como autor del femicidio. Los medios no lo contabilizaron como tal, y usaron el término "matricidio" para referirse al hecho. Sin embargo, el hijo tenía orden de restricción por denuncias previas de violencia hacia ella.  

29/06/2014. Silvana Córdoba (42) murió de un golpe severo en la cabeza, en Juárez Celman. Encontraron su cuerpo tendido en la cama, rodeada de otras cuatro camas donde dormían sus hijos de entre 10 y 14 años. El homicida fue su pareja, quien se suicidó. El hombre ya había asesinado siete años antes a su anterior pareja, Elsa Cano. La Justicia, lo había liberado alegando que actuó bajo "emoción violenta" porque ella "lo provocó". 

21/06/2014. María del Carmen Leguizamón Zamora (41) fue asesinada de 17 puñaladas, en San José (cerca de Villa Dolores). Tenía cinco hijos. La pareja huyó y estuvo escondido en el monte casi un mes.

20/05/2014. Laura García (30) murió tras ser ahorcada, en Capilla de los Remedios. Por el hecho detuvieron a un hombre que tenía una relación sentimental con la chica. 

19/05/2014. María Medina (51) murió poco después de recibir al menos tres puñaladas en su casa de barrio Sol Naciente, en la ciudad de Córdoba, presuntamente a manos de su pareja, con quien tenía en común un hijo de seis años. 

16/05/2014. Irma Rosa Reynoso (56) murió baleada por su ex esposo, quien luego se quitó la vida. El homicidio fue en Villa Allende. 

17/03/2014. Karina Pérez (41) murió apuñalada en Jesús María. Por el hecho detuvieron a su expareja.

23/02/2014. Nilda Maricel Cantoni (41) muere tras recibir 20 puñaladas. Un joven habría entrado la habitación matrimonial de la víctima, le dio varias puñaladas al marido y luego a ella. El joven tenía una denuncia por abuso sexual a otra joven. El femicida conocía a Nilda, aunque se desconoce la precisión de la causa, este hecho de General Levalle, muestra también que ser mujer, es correr riesgo de vida. 

16/02/2014. Nadia Griselda Alba (29) murió apuñalada en barrio Alberdi de Río IV. Su pareja está acusado asesinarla. El hombre la habría esperado en la vereda frente a la casa a la madrugada, hubo una discusión que luego siguió en el interior de la vivienda, donde la mujer recibió heridas de arma blanca en distintas partes del cuerpo y golpes en la cabeza y el rostro. Dejó a dos hijos, de 5 y 7 años.

25/01/2014. Andrea Porta (35) la mató su pareja (un militar) y luego se suicidó. Sucedió en un departamento donde la mujer vivía con los hijos de ambos, de 9 y 11 años. El día anterior, la víctima había denunciado al hombre por intentar atropellarla con un auto. Sucedió en barrio Don Bosco de la ciudad de Córdoba.

15/01/2014. Marisa Elizabeth Bustos (26) estaba embarazada de 30 semanas. Muere luego de estar 20 días internada en el hospital luego de llegar con golpes en el cuerpo y en el rostro; según los médicos tenía costillas rotas aparentemente a causa de los golpes que su pareja le propició para que abortara. Su estado empeoró y falleció.



08/01/2014. Analía Brochero (46)  la asesinaron en el garaje de su casa de Río Segundo de un escopetazo, el principal sospechoso es un policía, su ex-esposo.

viernes, 24 de octubre de 2014

El mandato de las mujeres en Salta*

Año tras año, miles de mujeres nos damos cita en alguna provincia del país para debatir las problemáticas que nos afectan. Este año le tocó a Salta, a la cual las mujeres organizadas le dijimos clarito: “La linda es la que lucha”.
Más de 15 mil mujeres nos movilizamos para debatir acerca de aquello que nos aqueja y discutir cuáles son las estrategias para pelear contra los oprobios a los que nos vemos sometidas de forma cotidiana.
El repudio a la violencia contra las mujeres en todas sus formas y los femicidios estuvieron en el centro del debate, y se señaló a los gobiernos nacional y provinciales como responsables.
Salta aún llora a Evelia Murillo, asesinada por defender de un abuso a una joven wichi. Evelia era mujer y trabajadora, estaba entre aquellas que sufren no sólo la opresión sino también la explotación que significa ser una trabajadora docente con salario de hambre. Salta cuenta la triste cifra de 14 femicidios; Córdoba, 15.
Quienes viajamos desde esta provincia, alzamos alto el nombre de Paola Acosta, exigiendo justicia y denunciando a la par el rol patriarcal de dicha institución –donde pesa la “Academia del Plata”(ver: goo.gl/ug8QSo)– con sus prejuicios ancestrales que ponen siempre en duda la voz y vida de la víctima, mientras ampara a los femicidas. Y también viajamos con las “Madres de la Gorra” que luchan contra el gatillo fácil y exigen, como mujeres y madres, el cese de la impunidad ante causas cajoneadas.
Los Encuentros de Mujeres se realizan desde 1986 y siempre se han visto atravesados por los debates que surcan la escena nacional. Este año no fue la excepción. Los talleres se pronunciaron mayoritariamente por la legalización del aborto, rechazando la reaccionaria reforma del Código Civil que el kirchnerismo, con mayoría automática en el Congreso, había aprobado una semana antes y que puso una traba más para la conquista de este derecho.
La demanda urgente del aborto legal, seguro y gratuito, acompañada de la exigencia de una educación sexual laica para poder decidir (en Salta, la educación religiosa es materia obligatoria), y real acceso a los anticonceptivos para no abortar, se hizo escuchar en cada comisión, pues se entiende que es la única manera de defender la vida de las más de tres mil mujeres que murieron en la última década por las consecuencias de los abortos clandestinos y de las que lo seguirán haciendo, sobre todo mujeres trabajadoras y pobres, si además, como en Córdoba o Mendoza, tienen vedado el derecho al aborto no punible.
Pero este encuentro reabrió un debate que hace años las organizaciones de izquierda, como Pan y Rosas-PTS, venimos planteando: es imprescindible romper con la subordinación que nos impone una comisión organizadora que concilia con el Gobierno y la Iglesia, limando las aristas más críticas y revulsivas que tiene esta multitudinaria reunión de mujeres argentinas.
Es cada vez más evidente que quienes luchamos contra la violencia y por el derecho al aborto, si pretendemos quebrar la voluntad del Gobierno, la Iglesia y la mayoría de la oposición, necesitamos poner en pie un amplio y combativo movimiento de mujeres, organizado desde los centros de estudiantes, las comisiones de mujeres en lugares de trabajo y estudio, desde los sindicatos y organizaciones sociales, capaz de movilizar a decenas de miles, en las calles, por nuestras demandas.
*Esta columna fue publicada originalmente en La voz del interior. También puede leerse acá.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Con ojos de espanto


en memoria de Paola



Este fin de semana fue otra vez doloroso para nosotras. Una joven atropellada por su novio hasta matarla, en Río Negro; una mujer y su nieto que fueron muertos a manos de un policía para dañar a su ex pareja. La semana inicia con la noticia de una nueva y joven víctima, esta vez en La Plata.

Estas son las muertes que trascienden, porque aún frente a tanta misoginia incontenida, el Estado no considera siquiera que sea necesario contar nuestras muertes. Ahí andamos, como si fuera poco y grato, contando los “casos” que saltan a los medios de comunicación. Así tampoco sabemos cuántas son las mujeres desaparecidas por las redes de trata (las suponemos 600...y más); cuántas más allá de las 300 que estimamos, que mueren por abortos clandestinos y cada año.

Somos, apenas, unas cuantas cifras calculadas por las organizaciones de mujeres, buscando con desvelo los modos para frenar esta violencia.

Este fin de semana por la incansable búsqueda de familiares y amigos, encontraban también, el cuerpo de Paola. Y otra vez, desde Córdoba, llegaba la conmoción. Entonces, ahí, los medios discutieron el cómo y el cuánto de la violencia machista.

Y desde estas páginas, una mira con ojos de espanto.
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lunes, 21 de julio de 2014

Algunas reflexiones frente al aumento de los femicidios



'Ofelia' de John Everett Millais




Mientras los obreros y las obreras de LEAR, en la provincia de Buenos Aires, dan una pelea tremenda contra la patronal buitre; hacemos una reflexión sobre otra de las miserias impuestas por un sistema hecho a medida de los explotadores. 

Y es que esa voracidad empresaria que hoy podría cifrarse en que los obreros y obreras de LEAR, cuya vida fue dejada en las fábricas por más de 27 años (como cuentan las trabajadoras acá), sólo se convierte en el número de despedidos que la patronal negocia con la burocracia traidora sacarse de encima. Esta es apenas una de las formas en que hombres y mujeres somos convertidos diariamente en una mercancía, nuestros cuerpos, nuestros músculos y nervios son objeto que se compra y vende, se posee, se descarta, se desecha cuando ya no es útil o no se somete a la voluntad de quien domina.

Si no cabe duda que así es, en general, a las mujeres nos toca la peor parte. Día a día, tenemos que enfrentarnos con las más diversas formas de violencia por el sólo hecho de ser mujeres, sometidas a que las patronales nos consideren trabajadores de segunda, pagándonos menores salarios por el mismo trabajo que hacen nuestros compañeros varones; teniendo que aceptar despidos que ningún sindicalista, ni siquiera el más traidor, reconoce como tal, porque ni siquiera existimos entre los números del trabajo registrado, sino para engrosar los números del empleo en negro, que aún bajo toda la "década ganada" se sostiene arriba del 60% para las mujeres. Es esa violencia que sentimos cuando hay que trabajar doble o triple jornada bajo el agotamiento embrutecedor, haciendo doble turno como las docentes y las enfermeras o médicas, porque el sueldo no nos alcanza para cubrir las necesidades más elementales. Es la violencia de haber recibido en el hospital a una chica casi muerta por las consecuencias de un aborto clandestino y enterarnos de que a la compañerita de escuela de nuestra hija, la buscan desesperadamente porque sospechan que cayó bajo las mafias de las redes de trata que regentea la policía en complicidad con jueces y funcionarios. Y es la violencia, de que luego de una jornada como ésta, al volver a casa, nos encontremos con las ganas de que la mesa esté servida y la ropa de toda la familia lista para salir temprano al día siguiente. Pero como si eso fuera todavía poco, en la TV que se levanta en como en un altar, al lado de la mesa, aparece un Tinelli que insatisfecho con haber lucrado durante más de una década volviendo un clarísimo objeto del deseo ajeno el cuerpo de las mujeres y mostrarlas como seres vacuos, ahora se atreve a expresarlo con la contundencia de la afirmación que hay detrás de todo "chiste" (de mal gusto) y lanza "al aire" que a las mujeres “nos gusta” que nos peguen.

Pero, toda esta introducción, ¿a qué se debe? A que toda esa cadena de violencia sufrida a diario por las mujeres, cada vez -con mayor periodicidad- culmina en la noticia de una mujer más asesinada por el hecho de serlo: "fue apuñalada 11 veces"; "fue violada y ahorcada"; "recibió un masazo en la cabeza"; "apareció en una terminal procesadora de residuos"; "estaba en un pozo en el patio de la casa"; "las encontraron en un descampado, eran extranjeras"... 

Los datos de la investigación de la Casa del Encuentro, le dan precisión a estos titulares: en 2013 del total de casos, 83 tuvieron a víctimas baleadas, 64 apuñaladas, 37 golpeadas, 28 estranguladas, 17 incineradas, 13 degolladas, 9 ahorcadas, 3 ahogadas, 6 descuartizadas, 3 empaladas y 19 bajo circunstancias desconocidas. Esas muertes de mujeres, ocurren cada 30 hs y en la mayoría de los casos, quienes las ejecutan, son su pareja o expareja. Las cifras aumentan año a año y el 2014 indica que las víctimas fatales de violencia machista aumentaron en un 16% con respecto al año anterior. Si en marzo, según los datos publicados acá, teníamos que contar 1236 mujeres asesinadas, sólo contando algunos casos de los más resonantes, hoy tenemos que sumar 3 dígitos a la fatídica cifra: Serena Rodríguez, de 15 años fue asesinada en asesinada de 49 puñaladas en Moreno, provincia de Bs As; Silvana Córdoba, muerta de un brutal golpe perpetrado por su pareja (quien ya había asesinado antes a su anterior compañera, Elsa Cano). En estos días, la TV nos mostraba la imagen de otra joven, una estudiante chilena que estaba de intercambio en el país, asesinada en Almagro: ella se llamaba Nicole y tenía 21 años.

Solamente en Córdoba, los femicidios, en lo que va del año, ascienden a 9. Salta, en el mismo período, iguala la funesta cifra de nuestra provincia, cuando aún hoy se sostienen movilizaciones por el caso de las jóvenes turistas francesas, de dudosa resolución para organizaciones de mujeres en la provincia. En Tunuyán, Mendoza, Claudia Vera, estudiante de un terciario, podría haber sido una nueva víctima, puesto que la relación opresiva que vivía con su pareja, iba seguramente hacia ahí; la opción desesperada de salir de esa situación nos lleva a exigir hoy su libertad y absolución. Nuestro compañero, el Diputado Nacional, Nicolás del Caño, estuvo en Tucumán, hace unas semanas, denunciando junto a los familiares y otras organizaciones, el entramado mafioso de la policía, la justicia y el gobierno, que se teje tras el asesinato de Paulina Lebbos, otra de las tristemente célebres víctimas de femicidio.

Hace algunos días, un hombre metía a su bebé de un año y medio dentro de un lavarropas, luego de golpear a su mujer y madre de la niña… ¿podemos seguir contando estos casos de violencia como las “víctimas colaterales” de la violencia de género? Los 4 hijos de Silvana Córdoba y los 4 hijos de Elsa Cano, huérfanos tras el asesinato de sus madres ¿van a ser, simplemente, parte de esas cifras estadísticas que no paran de aumentar?

Frente a un sentido común impuesto durante la década kirchnerista que indica que las “mujeres estamos mejor”, no sólo debemos responderle con las más de 3000 muertas por abortos clandestinos, las más de 600 desaparecidas por las redes de trata, y las estadísticas de millones de trabajadoras en las condiciones más precarias: los números de femicidios son la inefable muestra de que poco ha cambiado para las miles y miles de mujeres en el país.

Que una área sensible y permeable, muchas veces a las problemáticas sociales más acuciantes, como es la literatura, esté dando cuenta de esto, no es un dato para desdeñar. En el último número de la revista, Ideas de Izquierda, reseñamos - junto a CelesteMurillo - dos textos que toman casos de femicidio desde la ficción y la no ficción: Las extranjeras de Sergio Olguín y Chicas muertas de la entrerriana Selva Almada. A principios de este año, se publicó Ángeles. Jóvenes víctimas de la violencia que aborda, desde el relato periodístico, distintos casos entre los cuales se cuentan el de María de los Ángeles Rawson, Candela Sol Rodríguez y aún, retrocediendo un poco en el tiempo, María Soledad Morales. Por otro lado, encontramos la iniciativa surgida en Chile y extiéndose por distintos países de Latinoamérica, que recopila narraciones de no más de 150 palabras y se titula Basta. Cien mujeres contra la violencia de género. Una botón más de muestra. Finalmente, podríamos considerar, entre muchos otros, las novelas de Gabriela Cabezón Cámara, organizadas en la trilogía que comienza con La virgen cabeza y concluye con Romance de la Negra Rubia, desde las cuales se aborda, aunque con ángulos diversos, la problemática de la violencia machista. Estos materiales, más allá del valor escritural y del gusto de los y las lectoras, ponen en palabras lo que desde hace un tiempo salta sin mesura a las pantallas de TV y las redacciones de los diarios. En la mayoría de los casos, como parte de la trama aparecen las instituciones estatales a las que podemos sindicar responsables o cómplices, por acción u omisión, de los crímenes: la policía, la justicia, los altos funcionarios políticos, las familias de empresarios locales. 

Y es tal la alevosía y la magnitud del flagelo que hasta los propios medios de comunicación -siempre bien dispuestos al morbo- y los partidos políticos patronales como el PRO o el PJ de De la Sota (que no dudan en sostener estrechas relaciones con la Iglesia -una de las principales instituciones que se opone a derechos elementales de las mujeres como el aborto), se escandalizan y hacen demagogia proponiendo declarar de “interés social” un libro que hace el raconto de las víctimas de femicidio o resolver la violencia machista con "botones antipánico".

Como expresión del hartazgo que sentimos frente a tanta violencia sufrida a diario, es que leemos la importantísima repercusión que repercusión que tuvieron en las redes sociales y algunos medios, éste post y éste, de compañeras de la agrupación de mujeres Pan y Rosas que discuten contra un sentido común impuesto respecto a los que somos o debemos ser las mujeres.

Quienes peleamos constantemente por los derechos de las mujeres y contra toda forma de opresión y violencia, no podemos quedarnos de brazos cruzados ante tantas muertes. Tenemos que recuperar las instancias de coordinación, como aquella que supimos levantar con Soledad Cuello, contra las redes de trata y la aparición con vida de Yamila, otra víctima, desaparecida, de la violencia sistemática que sostiene la misma policía que desoye las denuncias de las mujeres maltratadas.


Quizás es momento, a la par que seguimos luchando por el derecho al aborto contra un gobierno que, en su Santa Alianza con el Vaticano, nos sigue negando el derecho a decidir, de levantar una campaña a nivel nacional que denuncie todas las formas de violencia que sufrimos las mujeres, que se plante firmemente contra los femicidios impulsando un movimiento de mujeres que empiece por organizarnos en decenas de Comisiones de mujeres en escuelas, facultades, fábricas y lugares de trabajo, para luchar por todos nuestros derechos de manera independiente al gobierno nacional y a cualquier variante de la oposición, en la perspectiva de acabar con este sistema que garantiza la sumisión de las mujeres para exprimir doblemente nuestras fuerzas. La pelea contra este sistema opresor, está íntimamente ligado a la tarea de luchar contra la explotación y todas las miserias que quiere imponernos la clase capitalista; y está junto a la clase obrera que hoy libra una importante batalla en LEAR.

domingo, 23 de junio de 2013

Las hermanas de Shakespeare, reflexiones sobre el arte y la opresión

Preparando una breve reseña sobre el texto de Terry Eagleton, Marxismo y crítica literaria que publicaremos oportunamente, andando por los andariveles de la relación entre forma y contenido, condiciones materiales, ideología que el marxista británico aborda, recordé cómo Virginia Woolf, una materialista "consciente aunque no confesa", describe la relación entre los géneros literarios a los cuales las mujeres van a volcarse en la escritura (la novela romántica) y las condiciones en las cuales esas mismas mujeres escritoras se desenvuelven en el ámbito cotidiano del hogar. De allí que, como lo plantea su texto, será imposible la dedicación de las mujeres a la literatura sin la posibilidad de contar con "un cuarto propio". 
Recomiendo la lectura de este clásico de Virginia Woolf y como anticipo o introducción, copio debajo un muy buen texto de dos compañeras, Micaela Guas y Laura Champeau que apareció publicado en la revista "El fantasma de la libertad". En aquel momento no se lo encontraba digitalizado así que me tomé el trabajo de tipear. Lo dejo a disposición. 



Las hermanas de Shakespeare

Adeline Virginia Stephen, la posterior autora de novelas como Las olas y La señora Galloway y ensayos como Un cuarto propio y Tres guineas, partirá en 1905 de sus ciudad natal junto a su hermana Vanesa, luego de la muerte de su padre Sir Leslie Stephen. Más tarde se unirán con un destacado grupo de artistas, para formar lo que se llamaría el “Bloomsbury Set”.[1]
Frente a un mundo totalmente convulsionado por la decadencia de los valores burgueses y la descomposición social cristalizada en el estallido de la primera guerra mundial y por el esperanzador levantamiento de las masas que enfrentaban y derribaban regímenes autoritarios como en la Revolución Rusa de 1917, los artistas e intelectuales de la época supieron que ya no podrían reflejar con las mismas palabras un mundo que cambiaba constantemente.
Así, sus obras se vieron influidas e impregnadas por sus vivencias personales y el momento histórico de esos años, y frente a estos por aparición de la psicología, el cinematógrafo y el espíritu rebelde de las vanguardias.  Las más conocida de las novelas , La señora Dalloway en sincronía con todo esto, se desarrolla en una sola jornada y en ruptura con las estéticas ya consagradas de las generaciones anteriores, la historia lineal y visible del personaje está subordinada al relato psicológico interno, subjetivo y exploratorio , que a su vez se entreteje con los eventos externos no solo al personaje sino también a la novela, recurriendo para su construcción a técnicas de las vanguardias pictóricas y en particular al montaje y los close-ups[2] de los jóvenes cineastas y artistas cubistas.
Pero el campo intelectual se encontrará atravesado por las guerras, crisis y revoluciones. En consecuencia la crítica hacia el mundo se encarada desde distintos ángulos y puntos de vista. Virginia, desde su lugar y su quehacer, emprenderá un gran aporte a la lucha por la emancipación de las mujeres. Posteriormente, te transformará en un símbolo del movimiento feminista del siglo XX.
Desde una visión marxista del mundo en general y de la lucha contra la opresión de género en particular, queremos reivindicar el análisis materialista que Virginia Woolf lleva adelante para examinar las condiciones adversas de la relación entre la mujer y el arte. A pesar de no ser marxista, la autora del ensayo “Un cuarto propio”, cuestiona el rol de la mujer analizando las bases materiales que determinaban la opresión hacia el género femenino por un mundo esencialmente victoriano. En dicho ensayo plantea que las mujeres no habían participado en el arte en general, específicamente en la literatura debido a que “para poder producir necesitan dinero y un cuarto propio”, tiempo y ocio. Estos tres factores materiales, junto con las imposiciones culturales constituidas en el transcurrir histórico del sistema paternalista se transforman en trabas psicológicas para que las mujeres puedan construir “un cuarto propio”: un espacio psicológico y personal, un espacio para elaborar libremente.
“En primer lugar, hasta principios del siglo diecinueve, tener un cuarto propio, para no hablar de una habitación tranquila a prueba de ruidos, era inconcebible, a menos que sus padres fueran excepcionalmente ricos o muy notables. Su dinero para gastos, que dependía de la buena voluntad de su padre, le alcanzaba solamente para vestir, viéndose así privada de consuelos que estaban incluso al alcance de Keats, Tennyson o Carlyle hombres pobres: una gira a pie, un viajecito a Francia, un alojamiento independiente que, por miserable que fuera, los protegía de los reclamos y tiranía de sus familias. Las dificultades materiales formidables, pero mucho peores eran las inmateriales. La indiferencia del mundo, que Keats, Flaubert y otros hombres de genio han hallado tan difícil de soportar, eran su caso no indiferencia sino hostilidad. El mundo le decía, con una risotada “¿Escribir? ¿Para qué quieres escribir?”[3]
Pero ¿Cómo una mujer podría escribir y participar en el ámbito artístico si hasta no hace mucho tiempo no votaba, no tenía derecho legal sobre el ámbito económico? O más aún, ¿Cómo una mujer trabajadora podría producir arte, si era explotada como un medio fértil para la reproducción de su familia y además era maltratada y alienada en una fábrica? Virginia se responde mirando en la historia, en una historia escrita por hombres, donde las mujeres eran excluidas, donde no las dejaban decidir, donde eran maltratadas y sometidas. La historia no retrata o menciona ningún hecho trascendente con la mujer como protagonista: si ella miraba al pasado no podía negar que pocas mujeres hicieron algo, sin dejar de criticar que había un medio que las condicionaba a no hacer nada. Cuando Virginia plantea que “cuando se es mujer la historia se ve a través de la madre”, quiere decir, que el género femenino, tiene generaciones y generaciones de personas que tuvieron una familia y una vida que no deseaban , que nunca pudieron elegir o ni siquiera pudieron proponerse objetivos fuera del plano familiar sin sentirse abrumadas por la mirada del mundo. Asimismo, en los pocos casos que la palabra “mujer” aparece inscripta en la historia, es siempre en una forma subordinada de la imagen masculina y del rol secundario que le imponen. Según la autora, desde la historia del arte esto se plasma en como, por ejemplo, la literatura, no crea personajes femeninos basados en la realidad, sino que los dota de características absolutamente ficticias , que no condicen con las necesidades y aspiraciones de las mujeres en sus diferentes épocas. Aún hoy, en la plástica, el 70 por ciento de los desnudos son de mujeres no reales, portadores de estereotipos de un imaginario masculino que inventa mujeres funcionales al modelo de sociedad que el patriarcado y el capitalismo  necesitan. “Hasta la época de Jane Austen, no sólo las grandes mujeres de la ficción habían sido vistas por el otro sexo pone delante de su nariz. De allí, quizás, la singular naturaleza de la mujer en la ficción; los sorprendentes extremos de su belleza y su fealdad; su fluctuar entre una bondad celestial y una depravación infernal, porque así la veía su amante, según su amor creciera o disminuyera, fuera próspero o desgraciado. Supongamos, por ejemplo, que en la literatura se retratara a los hombres solamente como los amantes de las mujeres, y jamás como los amigos de otros hombres, como soldados, pensadores o soñadores; ¡Qué poco papel podrían desempeñar en las obras de Shakeaspeare! ¡Cómo sufriría la literatura!
Como por cierto está empobrecida más allá de nuestros cálculos por las puertas que se les han cerrado a las mujeres. Casadas contra su voluntad, forzadas a permanecer en una sola habitación y a cumplir una sola ocupación. ¿Cómo podía un dramaturgo hacer de ellas una descripción completa, o interesante, o verdadera? El única intérprete posible era el amor.
Porque se han preparado todas las cenas, se lavaron todos los platos y tazas. Todos los hijos fueron enviados a la escuela y salieron al mundo. Nada queda de todo eso. Todo se ha desvanecido. Ni las biografías ni los libros de historia dicen una sola palabra al respecto. Y las novelas, sin proponérselo, inevitablemente mienten”.[4]
Virginia intentó imaginarse qué habría pasado en la época de Shakespeare - época donde uno de cada dos hombres escribía- si este reconocido escritor hubiese tenido una hermana con su mismo talento y su misma sensibilidad: “Un genio como el de Shakespeare no se da entre los trabajadores, los sirvientes. No se dio en Inglaterra entre los sajones ni entre los británicos. No se da hoy en día entre las clases obreras. ¿Cómo podría haberse dado entonces entre las mujeres, quienes - de acuerdo con el profesor Trevelyan - empezaban a trabajar casi antes de dejar sus niñeras, forzadas a ello por sus padres y apegadas a ello por todo el peso de la ley y la costumbre? Sin embargo, algún tipo de genio debió haber entre las mujeres así como debió haberlo entre las clases obreras. De tanto en tanto resplandece una Emily Bronte o un Robert Burns y prueba su existencia (…) De hecho, me atrevería a decir que Anónimo, quien escribió tantos poemas sin firmarlos, muchas veces era una mujer”
“Es muy probable que Shakespeare había ido a la escuela secundaria (su madre tenía una herencia) donde seguramente  aprendió latín . Ovidio, Virgilio y Horacio- y elementos de lógica y gramática. Se sabe que fue joven rebelde, que cazaba conejos en terrenos vedados, que mató quizás algún siervo, y que debió casarse, bastante antes de lo oportuno, con una mujer del vecindario que le dio un hijo bastante antes de lo debido. Esa aventura lo llevó a Londres en busca de fortuna. Sentía, al parecer, inclinación por el teatro; comenzó cuidando en la entrada de artistas. Muy pronto consiguió trabajo en el teatro, se convirtió en un actor de éxito y vivió en el centro del universo, conociendo, saludando a todo el mundo, practicando su arte en las tablas, ejercitando su talento en las calles y hasta gozando de acceso al palacio de la reina. Mientras tanto, su dotadísima hermana, imaginemos, se quedó en casa. Era audaz y creativa como él, y compartía las mismas ansias de ver el mundo. Pero a ella no la enviaron a la escuela. No tuvo oportunidad de aprender gramática o lógica y menos aún leer a Horacio o a Virgilio. De vez en cuando tomaba un libro, quizás de su hermano, y leía unas páginas. Pero entonces entraban sus padres y le decían que zurciera las medias o que cuidara el guisado y no perdiese tiempo con libros y papeles. Le hablaban al mismo tiempo con rigor y benevolencia, porque eran gente acomodada y conocían las condiciones de vida de las mujeres y amaban a su hija…”
“Seguramente garabateaba a escondidas algunas páginas en el altillo, pero tenía cuidado de ocultarlas o quemarlas”. En poco tiempo pretenden obligarla a casarse, ella se rehúsa, por lo que su padre la golpea. De todas formas toma valor y huye, e intenta vivir la misma vida que su hermano, quiere ser actriz. En Londres, llega  a la misma entrada de artistas donde su hermano se había aventurado. Allí los hombres se ríen de ella, para el director del teatro una mujer actuando era como un “perro bailando en dos patas”. Judith, jamás podría aprender su oficio. “¿Cómo podría siquiera cenar en una taberna o vagar a medianoche por las calles?”[5]
Virginia supone que terminaría embarazada de un hombre que se apiadaría de ella y luego de años y años de tener una vida que no quiere, se suicidaría. “esto sería más o menos la historia.”
“Porque una mujer del siglo dieciséis nacida con un gran talento se habría vuelto loca suicidado o terminado sus días en alguna cabaña solitaria afuera del pueblo, medio bruja, medio hechicera, objeto de temor y burlas. Porque no hace falta saber mucha psicología para descontar que una joven de gran talento que hubiera intentado ejercer su don para la poesía se habría visto obstaculizada y resistida por otra gente, tan torturada, desgarrada por sus propios instintos contradictorios, que indefectiblemente debía perder su salud y su cordura. Ninguna muchacha podía caminar hasta Londres, pararse en la puerta de un teatro y conseguir que la escuchase el actor-director sin que ello significase una gran violencia y una angustia acaso irracionales. (…) A una mujer que fuera poeta y dramaturga, vivir en el mundo del siglo XVI le habría significado una tensión y un dilema capaces de matarla. [6]
¿Pero acaso, no fue Woolf misma, la Virginia Woolf del río Ouse, otra hermana de Shakespeare? ¿Cuántas experiencias propias no se han filtrado en los cuadros del ensayo?
Se dice que dudaba frecuentemente de su capacidad como escritora y que nunca pudo sentirse satisfecha y segura de sus novelas. Se sabe que no acudió a la escuela, que desde niña le enseñaron los destinos únicos de la mujer: el matrimonio y la maternidad. Las mismas misiones supremas que cumplieron su madre y, más tarde, su hermana Vanessa que de niña, sentía inclinación hacia la pintura. Virginia Woolf tenía sentimientos ambiguos hacia su padre: lo admiraba y amaba profundamente ya que le había inculcado el gusto OR ciertos autores y lecturas. Sin embargo, al tiempo, lo culpaba de su propia inseguridad para dedicarse a las letras. En su novela El faro, Virginia crea un personaje, el señor Ramsay, haciendo una analogía con su padre quien no le confería a la mujer capacidad para el arte, sobre todo, en la pintura y la literatura.
“Siento brotar en mí misma- escribió en uno de sus diarios- ahora mismo por lo menos seis relatos y siento por fin, que puedo traducir en palabras todos mis pensamientos. ¿Y si fuera a convertirse en una novelista interesante - no digo en uno de los grandes- pero sí, interesante? Curiosamente - para lo vanidosa que soy- hasta ahora no he tenido mucha fe en mis novelas”[7]
Soledad descorazonada, desgarro y lucha “con los propios instintos contradictorios”, resistencias y obstáculos, restricciones y exigencias, el querer ser y el deber ser, cuánto de eso hemos encontrado en la mujer creativa del siglo XX! Cuántas de estas contradicciones se expresaron también en los versos de otras, otras hermanas de Shakespeare tal vez, como Alfonsina Storni o Alejandra Pizarnik por ejemplo!
Decía Alfonsina - “Bien pudiera ser que todo lo que en verso he sentido/no fuera más que aquello que no pudo ser/no fuera más que algo vedado y reprimido/de familia en familia, de mujer en mujer”[8]
Pero acaso cuántas, audaces y creativas, no son tratadas y abrumadas hoy con “benevolencia y rigor” por sus padres y maridos, las costumbres, las instituciones, el trabajo y los medios?
Cuántas somos aquellas, cuyos nombres y rostros permanecen ocultos y silenciosos como sus propias estrellas, como sus propios poemas, atados con cinta roja, guardados en alguna vieja caja de zapatos. Imaginándolos, postergándolos. Cuántas somos las que no llegamos a la puerta del teatro, o a las posibilidades de los grandes medios y nos quebramos u hoy perseveramos; y cuántas las que abrimos las puertas, pero no más que para soportar competir o ceder a las exigencias comerciales y estéticas, sexuales e intelectuales.
Entonces, ¿cómo podríamos hablar de libertad artística hoy en el sistema capitalista? ¿Cómo podríamos hablar de libertad e un sistema en que el arte está digitalizado por las leyes del mercado, en que el artista y la obra se vuelven objetos de consumo? ¿Cómo podemos hablar de la libertad en el arte sin ver las condiciones que el medio le impone al artista? ¿Cuántos y cuántas tienen la posibilidad de tener su “cuarto propio” en este sistema?
Las mujeres estamos sometidas, por el solo hecho de serlo, a la discriminación, el acoso sexual, la violencia y la humillación de un sistema patriarcal basado en el machismo. Pero además, las mujeres somos la mayoría entre los explotados y pobres de este mundo y una ínfima minoría casi inexistente entre los poderosos dueños de las multinacionales que nos condenan a esa explotación y a esa pobreza. Somos las que ocupamos los trabajos más precarizados, cobramos salarios inferiores a los de nuestros compañeros varones y por si eso fuera poco, estamos sometidas al trabajo no remunerado que realizamos en nuestros hogares, limpiando la casa, cuidando hijos y sirviendo maridos. Después de todas estas tareas, entonces, qué poco tiempo, creatividad y ganas nos pueden quedar para explotar nuestra sensibilidad artística y nuestros sueños.
En la sociedad capitalista, las mujeres que podemos llegar a ser artistas somos mucho menos reconocidas que los artistas masculinos. No sólo las posibilidades de exponer o publicar, en comparación a las de los varones, son mucho más bajas, quedando limitadas al ámbito de la intimidad.; sino que día a día, se nos transforma y viste, se nos exige de nuestro cuerpo como no se le exige a un “perro bailando en dos patas”. y se nos exige de nuestro espíritu una adaptación a un mundo mayoritariamente masculino y sujeto a demandas ajenas y/o contrarias a las propias, nacidas de nuestros propios instintos creativos y aspiraciones a una vida plena y libre. Es fácil comprobar esta abismal desigualdad si vemos en la historia del arte, o de cualquier disciplina, la ausencia de las artistas. Cuántas mujeres directoras de cine, escritoras, pintoras, etc, han conseguido atravesar el tortuoso camino del reconocimiento artístico y cuántas han quedado en el camino o en el punto de partida.
Por eso “La teoría de que el genio poético sopla donde quiere, y entre los ricos y pobres por igual, encierra poca verdad. La libertad intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres siempre han sido pobres, no durante doscientos años solamente, sino desde el principio de los tiempos. Las mujeres han tenido menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres, entonces, no han tenido más chancees que un perro de escribir poesía. Por eso es que he puesto tanto el acento en el dinero y en un cuarto propio”. [9]
Virginia Woolf no publicó hasta los 37 años. Pero publicó. Y lo hizo contra viento y marea bajo las alas de su propia personalidad, estilo, opiniones, conflictos y sueños.
Con la necesidad y la certeza de pelear por cambiar esta situación y promover la creación de un arte independiente, que vea en el cambio revolucionario de la sociedad su verdadera liberación y emancipación, nos proponemos empezar a dar a conocer la obra de mujeres artistas, rescatando del olvido todas esas voces que han sido silenciadas a través de la historia.




[1] “Grupo de Bloomsbury” formado en el barrio londinense del mismo nombre, integrado por artistas librepensadores entre las cuales estaba el crítico Clive Bell - esposo de Vanessa - y el escritor Leonard Woolf de quien Virginia Woolf obtiene su apellido al casarse en 1912.
[2] Close-up (primer plano: Toma cerrada generalmente utilizada para resaltar el rostro del personaje, sus movimientos gestuales, etc.
[3] Virginia Woolf, Un cuarto propio(1929). Ed. A-Z-Editora
[4] Idem
[5] Ibidem
[6] Ibidem
[7] Virginia Woolf, Diario íntimo II, (1924-1931), ed. De Anne  Bell, trad. De Laura Freixas. Madrid, Grijalbo Mondari, 1993, p.37
[8] Alfonsina Storni, “Bien pudiera ser”  en Irremediablemente (1919), ed. Losada.
[9] Virginia Woolf, Un cuarto propio, op. cit.